Madre hispana cría a su hija en una cárcel de NY

Forma parte de un programa en la correccional de Bedford Hills, que le permite estar con su bebé hasta que cumpla 18 meses
Madre hispana cría a su hija en una cárcel de NY
Nicole Vargas, 30, cumple una sentencia de año y medio por hurto.
Foto: Mariela Lombard / EDLP

BEDFORD, NY — En la oscuridad de su celda en la correccional de Bedford Hills, Nicole Vargas, antes de dormir, le susurra a su pequeña hija -de 5 meses- que todo va a estar bien.

Vargas, 30, cumple una sentencia de año y medio por hurto. Tenía seis meses de embarazo cuando fue arrestada.

La mujer es una de las 10 madres que participan en el programa de guardería del Centro Infantil que funciona en la mencionada cárcel estatal de máxima seguridad para mujeres, ubicada en el condado Westchester.

“Sé que todo va a estar bien porque estoy haciendo las cosas correctamente y se lo digo a mi hija”, subrayó Vargas -nacida en Brooklyn, de madre panameña y padre puertorriqueño- la única hispana participante del programa.

A través del programa, a las mujeres embarazadas que llegan a la cárcel, se les permite –si califican- permanecer con sus bebés hasta los 18 meses de vida, de ahí son entregados a sus familias o hogares de crianza.

Jane Silfen, directora del Centro Infantil, explicó que todos los servicios que se dan a través de los programas, tienen el propósito de mantener a las familias unidas y reforzar los lazos entre madres e hijos, así mismo tienen personal bilingüe para asistir a las reclusas que no hablan inglés.

“Nicole es un buen ejemplo de la efectividad del programa y de como ella, cuando salga de aquí, va a estar alejada de los problemas”, resaltó Silfen, que dirige el Centro desde hace 7 años.

El recorte del 40% de los fondos que el estado le adjudicaba al centro -desde hace dos años- ha provocado que sus programas estén supeditados, en gran medida, a donaciones.

“Tratamos de no cortar programas vitales, por eso queremos que haya más conciencia de la gente, para que nos sigan donando y así seguir adelante” sostuvo.

Aunque Vargas tiene dos hijos -de 6 y 7 años que están al cuidado de la abuela materna- siente que esta es la primera vez que realiza a cabalidad su papel de madre.

El programa en la cárcel me ha enseñado a valorar la maternidad. Addison se ha convertido en lo más valioso que tengo en mi vida”, asegura Vargas mientras abraza a su pequeña hija.

Desde los 18 años, Vargas empezó a robar en tiendas de ropa, usando tarjetas de crédito hurtadas y a ganar mucho dinero producto de los mismos, por lo que abandonó la escuela secundaria en el onceavo grado.

El edificio donde funciona la guardería y donde duermen las madres con sus pequeños, está ubicado a un lado de donde están las demás reclusas. Y nada -salvo por los guardias y las rejas que dividen las secciones- hace pensar que se trata de una cárcel.

Vargas quiere que sus hijos sean personas de provecho. “Quiero que estudien. No quiero que sigan mis pasos, porque meterse en un problema es fácil pero salirse es muy difícil”, reflexiona.

El único apoyo que recibe es el de su madre, que la visita todas las semanas, pero sola.

“Mis hijos son muy pequeños para que vengan acá, aunque hablo con ellos todos los días por teléfono”, asegura.

Parte del reglamento para mantenerse en el programa, es que las reclusas deben estudiar o trabajar.

“Voy a clases para tomar el GED, mientras Addison está en la guardería, en la tarde voy a un curso de cosmetología porque quiero dedicarme a maquillar muertos”, afirma, con la plena seguridad que recobrará la libertad en marzo del próximo año.

Una de las bases principales del Centro – que es supervisado por la organización sin ánimo de lucro Hour Children- es el transporte, para traer a menores y sus familias, para ver a las reclusas.

“Tenemos dos camionetas nuestras, que semanalmente traen a los menores y sus familias para que vengan desde lugares lejanos como Búfalo, en el Norte del estado”.