La carrera para la libertad

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Mientras que se sigue debatiendo la nueva legislación sobre inmigración en el Senado y en la Cámara de Representantes, hay mucha gente cuyo futuro queda en el balance. Se han acordado ciertas cosas. Otras están por decidirse todavía. Al aprobarse la ley, millones se encontrarán elegibles para una legalización, pero otros más quedarán excluidos.

En la versión del Senado, aquellas personas que han sido deportados desde 2011 podrán regresar si no han sido encontrados culpables de delitos serios. Eso me parece arbitrario. Supongamos que una madre fue deportada en el último día de 2010 y tiene un marido e hijos en los Estados Unidos que son ciudadanos y de los cuales ha sido separada. ¿Acaso se le negará el derecho de estar con su marido y de criar a sus hijos?

Si bien la nueva ley no permite el regreso de algunos de nosotros, aun así apoyaremos que se apruebe. Estaremos enojados, pero daremos nuestro respaldo al proyecto de ley porque parará las 1,400 deportaciones que suceden todos los días y por lo menos restaurará la unidad de algunas familias.

Esto parece una historia que me contaron. Los conquistadores españoles habían capturado 1,000 mayas. A los españoles les servían como esclavos en las minas de oro y todos los días morían muchos a causa de las enfermedades traídas por los europeos. En la noche quedaban rodeados por cercas y por hombres armados con fusiles. Finalmente, hicieron un intento de escapar. Fueron corriendo todos juntos a la cerca, sabiendo muy bien que algunos iban a morir pero que otros iban a lograr su libertad. Era una carrera para la libertad.

La campaña para convencer al Congreso que apruebe una nueva ley, que no puede suceder sin algún acuerdo entre demócratas y republicanos, es una carrera para la libertad. Al tener éxito, será beneficioso para muchísima gente, y lo celebraremos.

En cuanto los que quedan excluidos, lo único que puedo decir es que nuestra lucha no estará terminada. A los indocumentados los han tratado como criminales, y nuestros hijos han sido atormentados con cicatrices que les durarán toda la vida. Éramos, y seguimos siendo, títeres en un sistema de lucro y de finanzas internacionales que nos obliga salir de nuestros hogares en búsqueda de trabajo, y a menudo familias nuevas, en el norte.

Esta nueva ley, en la cual buscamos incluir al máximo número de personas, no es el fin sino el comienzo. Cada paso hacia la libertad es un paso hacia la justicia. Los que logran liberarse se convertirán en una fuerza para seguir luchando para poner fin a la tiranía de unos cuantos que hace sufrir a tantos millones.

¡Seguiremos adelante!