Del abasto de droga a las desapariciones
Familiares de los 11 jóvenes desaparecidos tras un supuesto operativo policial en un bar de la turística Zona Rosa, en Ciudad de México, protestan en la sede del Gobierno del Distrito Federal para exigir la intervención de las autoridades. Crédito: ap
MÉXICO, D.F Son las 3:00 p.m.y el sol revienta la cabeza de un adolescente que con una mano empuja un carro estilo supermercado lleno de juguetes y con la otra sostiene un megáfono con el que pregona la calidad de la mercancía: “no son imitación, son originales robados, cómprelos, cómprelos”, grita frente a una patrulla que pasa de largo.
La autoridad pasa de largo por Tepito, un conflictivo barrio de más de 400 calles en el corazón de la ciudad donde nacieron los 11 jóvenes que hace una semana desaparecieron en un misterioso “levantón” (rapto) cuyo móvil está relacionado a una presunta venganza de criminales de la droga, la extorsión, el robo y el sicariato.
“Los policías se la pasan aquí día y noche desde hace por lo menos tres años, pero agarran a uno que otro y todo sigue igual”, dice entre dientes Rodolfo, un vendedor de máquinas para rasurar “Este lugar es como un pueblo, todos sabemos quiénes son, muchos denunciamos, pero nadie sabe por qué no los agarran”.
La policía de la capital mexicana montó rondines permanentes en 2010 después de escandalosos asesinatos con perfil de venganaza que mostraron la evolución delictiva en el “Barrio Bravo”.
Aquí, donde desde hace décadas se tolera la venta de mercancía importada sin pago de impuestos o robada, la impunidad tomó confianza. “La maña” como llaman localmente a los criminales- pasó del contrabando y la piratería al robo de vehículos; del narcomenudeo a la venta de armas, al secuestro y el cobro de piso.
La Procuraduría de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) identifica a por lo menos 10 bandas, entre las que se encuentran más fuertes: Los Pelones, Los Perros, El Chino, Los Negros, Los Gordos, el cártel de Tepito y La Unión.
Estas dos últimas organizaciones tomaron fuerza por encima del resto al aliarse con los grandes cárteles de la droga como los Beltran Leyva y los Zetas cuyos líderes apostaron por la distribución de cocaína y marihuana en el gran mercado de la ciudad de México con más de 20 millones de habitantes.
El cártel de Tepito y La Únión se empoderaron cada uno por su cuenta y se volvieron rivales por el control del barrio, según las fichas públicas de la fiscalía local.
Ambos grupos se traen entre ceja y ceja por el control territorial desde por lo menos 2010, cuando seis jóvenes seguidores a San Judas Tadeo fueron asesinados a quemarropa aparentemente por gatilleros de La Unión- mientras se preparaban para las celebraciones religiosas.
Días después, dos señoritas que presuntamente se dedicaban al narcomenudeo fueron secuestradas, asesinadas y abandonadas con un letrero de advertencia que aludía claramente a la lucha de poder: “Esto les va a pasar a todos los ke estan trabajando con Genaro y Adriana y los Villafan… (sic)”.
Con tales antecedentes, la desaparición de uno de los hijos de Jorge Ortiz Reyes, “El Tanque”, quien a principios del 2000 y hasta su aprehensión en 2003 operó como uno de los principales distribuidores de droga en Tepito resulta sospechoso para la PGJDF que “no descarta ninguna línea de investigación.
Para los pobladores del barrio es aún “más sospechoso” que durante décadas no haya un freno definitivo para estos delincuentes.
Rodolfo, el vendedor de rastrillos que desde hace 42 años vive en Tepito está “aterrado” porque sabe que de un momento a otro llegarán los criminales para pedirle derecho de piso, como ya le pasó a su compadre, que vende tamales: le pidieron el equivalente en pesos a 150 dólares semanales.