Un abuelo sobre ruedas

Un abuelo sobre ruedas
Don Abuelo, un patinador que siempre participa en el Desfile Nacional Puertorriqueño.
Foto: authors

Brinca, gira en reversa, saluda y saluda. Se “bandea” de un lado a otro como el vaivén de las olas que acarician su isla. Luego, agita la bandera mono-estrellada para concluir su rutina con un “split” mortal: ¡bien espatarra’o!

“¡Viva Puerto Rico, abuelo!”, le grita su fanaticada tras un ensordecedor aplauso que se inicia en la Quinta Avenida de Nueva York y cuyo eco llega hasta Vieques.

Podría decirse que la vida de “Don Abuelo”, un puertorriqueño de 72 años, marcha sobre ruedas y que aún le falta mucho por recorrer.

“Anoche soñé que quería patinar por las cataratas del Niágara pero, por ahora, me gustaría ir Hollywood y viajar en patines alrededor del mundo aunque me tarde meses. No tengo límites”, comenta vía telefónica desde San Juan, José Ramón Rosa, su nombre de pila.

Aunque aclara que ya casi llegó a la meca del cine luego de que J-Lo incluyera imágenes suyas en el desfile en la película “Feel The Noise”, que produjo en 2010.

Y es que al igual que Superman, “Don Abuelo” corre patines “inline” casi tan rápido como una locomotora y con una actitud que podría hacerlo saltar el Empire State Building, si se lo pidieran.

Junto a su esposa Rosa María Olivares, tiene tres hijos, todos profesionales. Uno de ellos, el Dr. José Rosa Olivares, que es pediátra del Children’s Hospital de Miami y colaborador de “Despierta América”, de Univisión. De sus hijas, Maritza es especialista en calidad ambiental y Lizbette es entrenadora de gimnasia en Estados Unidos. Tiene en total ocho nietos.

“Don Abuelo” inició su afición por los patines desde pequeño, pero tuvieron que pasar varias décadas para que lograra dominar este deporte, al que ha incorporado pasos del patinaje sobre hielo.

“Antes eran los ‘Union 5’ de metal que había que apretarlos al zapato. No sabes cuantos pares destruí”, recuerda el ingeniero mecánico retirado, rememorando una infancia pobre pero muy feliz.

Fue tras una decepción con el ROTC (grupo de reclutamiento militar estadounidense que opera en algunos colegios y universidades), que “Don Abuelo” se decidió por su profesión en el Colegio de Ingeniería de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez, en vez de enlistarse en el Ejército.

“Luego de ser campeón de tiro no me condecoraron y me dio coraje… que dejé el ROTC”, recuerda aún con enojo.

Tras varios años de trabajar en el gobierno y empresas privadas como la Coca Cola (que le dio la oportunidad de viajar por toda Latinoamérica para mantener el control de calidad de las plantas), “Don Abuelo” se acogió al retiro en 2001.

Sin embargo, su espíritu indómito lo llevó a retomar “full time” un pasatiempo que comenzó en su niñez y que fue creciendo con el correr de los años, literalmente.

Luego de acompañar a un “vecinito” a comprar los nuevos patines en línea, “Don Abuelo” se volvió a interesar en el deporte y comenzó a visitar la Plaza del Cuartel Ballajá en el Viejo San Juan donde aprendió algunos trucos que unos chicos, un poco “descarrilados”, le enseñaron. Así comenzó una amistad que superó barreras generacionales. El los ayudaba a enderezarse en la vida y ellos, en cambio, le enseñaban a no caer en el pavimento.

No todo marchó sobre ruedas. Demás está decir que “Don Abuelo” se dio varios “guatapanazos”, uno de ellos en el desfile del año pasado cuando un carrito de golf se lo llevó “enreda’o”.

“Seguí como si nada y pero cuando llegué al hotel me tuve que poner hielo”, dice.

Desde que a principios de 2000 hiciera su aparición en un carnaval municipal su fama se regó como pólvora por toda la isla. Carnavales y eventos cívicos le precedieron hasta que fue invitado al Desfile Nacional Puertorriqueño. Curiosamente, es “Don Ramón” quien saca de sus propios “chavitos” para llegar a la Gran Manzana a festejar con su gente.

El uniforme, que en un principio era un tuxedo totalmente blanco, también sufrió alteraciones. Ahora tiene varios diseños y colores alusivos a la bandera puertorriqueña y se los confecciona la emblemática sastrería Los Gobernadores, en el pueblo costero de Cabo Rojo, al sudoeste de la isla. También tiene disfraces de Spiderman y otros personajes.

Una campana, una batuta y una “pava” (sombrero de pajilla) fueron incluidas en su ajuar. Y para estar acorde con los tiempos, aprendió unos cuantos pasos de reggaetón e incorporó unos “blin blin”.

Aunque no lo crea, el apodo de “Don Abuelo” no le cayó del cielo. Surgió de los comensales que estaban en la famosa lechonera “Sabor de Borinquen”, en el pueblo de Guavate, durante una presentación que hizo en el lugar.

Al preguntársele qué consejos puede ofrecer para poder cumplir con lo que se quiere en la vida, asegura que los sueños tienen que ser viables.

“No deben ser inalcanzables, tampoco deben ser egoístas”, indica recalcando lo feliz que se siente.

“Yo dejaría de ser feliz cuando deje de sonreír. Mi felicidad es sonreír”, concluye.