¿Quién teme a la reforma?

Cada vez hay más dudas sobre los exámenes y otras propuestas educativas
¿Quién teme a la reforma?
Muchos expresan públicamente sus dudas sobre los exámenes y otras iniciativas de la reforma educativa del gobierno de EEUU.
Foto: Archivo / AP

Educación

Crece en el país el rechazo a la reforma educativa que busca emplear los exámenes estandarizados para evaluar a estudiantes, maestros y escuelas sin tomar en cuenta, dicen opositores, que hay una correlación entre calificaciones bajas y el nivel socioeconómico de los estudiantes en estos planteles.

Ejemplo de ello es el creciente número de maestros que se rehusan a aplicar exámenes estandarizados, padres de familia que optan por sacar a sus hijos de la escuela el día de pruebas y el boicot de estudiantes.

También hay cada vez más políticos y legisladores expresando públicamente sus dudas sobre los exámenes y otras iniciativas de la reforma educativa, escribió John Tierney en la revista The Atlantic.

El profesor de educación de la Universidad de Illinois, Bill Ayres, en una carta abierta al presidente Obama enviada a principios de este año, identificó tres aspectos de la llamada reforma de educación que cada vez provocan mayor repudio entre los maestros, estudiantes y padres de familia: el traslado de bienes públicos del sector educativo, incluyendo instalaciones, a administradores privados; el desmantelamiento y represión contra la voz colectiva e independiente de maestros, y la reducción de la educación a una sola medida de evaluación que son los exámenes estandarizados.

Ayres indica que no hay ninguna evidencia objetiva que esto lleve a un mejoramiento de la educación.

Por el contrario, hay cada vez más indicadores de que las reformas impulsadas por el gobierno de Barack Obama enfrentan su primer y mayor desafío en cada vez más ciudades del país.

En Seattle sucedió algo inédito en enero, informó David Brooks. Los maestros de la preparatoria pública Garfield High School decidieron no aplicar el examen conocido como “medidor de progreso académico” (MAP), declarando que era una pérdida de tiempo y de fondos. (De hecho, el gasto de los estados en exámenes estandarizados ha crecido de 552 millones de dólares en 2001 a 1,700 millones en 2012, según cálculos del Pew Center y Brookings Institution). Pues bien, los maestros fueron amenazados con una suspensión sin pago de 10 días por las autoridades escolares de la ciudad, pero empezaron a recibir apoyo de maestros no sólo en Seattle, sino de todo el país.

Después de meses de lucha, en mayo pasado las autoridades decidieron ceder y el superintendente de escuelas de la ciudad, José Banda, declaró que los MAP ahora son “opcionales” y que aquellos que deciden no usarlos tienen que buscar una forma alternativa para evaluar a los estudiantes.

En entrevista con el programa de noticias Democracy Now, Jesse Hagopian, maestro de historia y representante sindical en la preparatoria Garfield, dijo que este triunfo es “una crisis real para estos promotores de una reforma de educación corporativa, porque todo su sistema depende de reducir la enseñanza y el aprendizaje a una sola calificación, que pueden utilizar para cerrar escuelas, para degradar la educación, extraer ganancias de eso y privatizar las escuelas, volviéndolas escuelas charter. Y creo que por eso es que tantos maestros, estudiantes y padres de familia en el país están celebrando este triunfo”.

También se reportan rebeliones estudiantiles contra este modelo —de Carolina del Norte, Illinois y Colorado, a la costa oeste— la cuales rechazan los exámenes y otras medidas (reducción de personal, cierre de escuelas y más) con boicots y ocupaciones.

Asimismo, en mayo, maestros de Chicago realizaron acciones durante tres días contra el cierre de 54 escuelas públicas en zonas marginales de Chicago, cuyos alumnos —en su mayoría niños afroamericanos y de origen mexicano— serán reasignados a las llamadas escuelas chárter, beneficiarias de recursos públicos, pero administradas por manos privadas.

Pero tal vez más sorprendente ha sido el movimiento de padres, maestros y estudiantes en Texas, donde la legislatura estatal —obligada por la presión popular— aprobó a finales de abril medidas para reducir el número y uso de los exámenes estandarizados en el estado.

De hecho, en más de 800 de los 1,030 distritos escolares de Texas se han pasado resoluciones contra el sistema estatal de exámenes estandarizados, reportó la revista American Prospect. Algunos afirmaron que los exámenes estaban “estrangulando la educación”.

Jesse Hagopian, de Seattle, afirma que no están en contra de la evaluación de maestros y escuelas, y que de hecho sus colegas han elaborado alternativas que ofrecen medir todo tipo de capacidades que no se registran por los exámenes estandarizados. “Estamos en contra de evaluaciones que no son culturalmente relevantes, no alineadas con nuestro currículum, y que no promueven el tipo de capacidades que creemos son necesarias en el mundo hoy”, subrayó.

Sin embargo, Barack Obama y su gobierno muestran confusión ante lo que está ocurriendo, dice David Brooks. El presidente ha reiterado que prefiere que los maestros no “enseñen para el examen”, pero al mismo tiempo su programa federal Race to the Top (Carrera a la Cima) señala que estos exámenes se usan como la principal evaluación de cada maestro, o sea, sus carreras y la sobrevivencia de sus escuelas dependen de ellos.