Aliados contra un gobierno abusivo

Aunque la gran mayoría de Hispanos no formamos parte del Tea Party, ni tenemos el intento de algún día sumarnos a sus esfuerzos, el hostigamiento abusivo profesado por el Servicio de Rentas Internas junto con una administración cómplice en contra de estas agrupaciones, y otras asociaciones conservadores, debería causarnos indignación como compatriotas Americanos.

Si bien gobernar es una técnica, una ciencia- también es un arte que tiene muchísimo que ver con respetar precedentes precursores, los cuales están especificados con suma claridad y sencillez en la Carta de Derechos Humanos (Bill of Rights). Por lo que, me apuro a precisar, que el máximo determinador en preservar y defender estos “derechos” resta en el colectivo nacional, y no en alguna sola entidad del país. Es decir, la responsabilidad de sostener nuestras libertades y nuestros derechos inalienables pertenece tanto al ramo ejecutivo, el legislativo y el jurídico, como también a los medios de comunicación, pero principalmente es un compromiso que deberá ser salvaguardada por la ciudadanía estadunidense.

Jean-Jacques Rousseau es famoso por haber dicho que las buenas leyes son las que forman buenos ciudadanos. En contraste, la acumulación de errores y deslices de la actual Administración nos hace recordar del importante adeudo que carga cada ciudadano – demandar un gobierno justo, transparente, y efectivo. El Presidente Abraham Lincoln lo expreso con mayor elocuencia al decir “…este gobierno del pueblo, por el pueblo, y para el pueblo no perecerá de la tierra”. Es decir, el consentimiento de la ciudadanía es la base de la ley, la cual no será suprimida por intereses políticos, corporativos o ninguna otra fuerza anti-democrática.

Por ello es importante entender, aunque uno se encuentre satisfecho con el desempeño de la actual Administración, las agrupaciones Tea Party surgieron precisamente con la intención de organizarse en oposición a las medidas de gobernación, que a su criterio, eran contraproducentes a nuestra sociedad.

Por ello, no sorprende la urgencia por levantar la voz de oposición en la forma más enérgica, más pública, y más decidida resulta ser una predecible consecuencia al pueblo percibir que sus gobernantes han excedido sus límites constitucionales, han malgastado el tesoro del país, han atropellado los derechos humanos del individuo, o se han cansado de la prolongada indiferencia a sus intereses. Ante esto, declarar desacuerdo a tu gobierno no es solo una indispensable función de la ciudadanía para la mejoría, y el perfeccionamiento de nuestra sociedad sino también es un derecho que cada ciudadano deberá ejercer por obligación cívica.

Confieso que desconozco las verdades en su totalidad sobre los escándalos que actualmente acuden al Servicio de Rentas Internas, no obstante, me preocupa la falta de transparencia demostrada hasta hora por la Administración. Por mínimo, el Presidente Barack Obama deberá asignar un investigador especial e independiente para castigar a los que obraron mal, reparar la confianza en el gobierno que ha sido dañada por el Servicio, y regresarle la seguridad al pueblo Americano que esta práctica no es norma en nuestra cultura de gobernación.

Por inútiles que parezcan las expresiones opositoras de cualquier agrupación, es peor tolerar un gobierno dispuesto a embozar a una sociedad con derechos a la libertad de expresión a base de tácticas déspotas, intolerantes y abusivas. No estoy pidiendo que aceptemos posturas políticas contrarias a las nuestras, pero si como compatriotas, es nuestro deber defender el abuso de poder por burócratas del gobierno contra cualquier ciudadano, y exigir consecuencias por sus acciones, porque el día de mañana podría ser tu voz la que el gobierno intenta callar.