Israel García: Fiel al arte del grafiti

Israel García: Fiel al arte del grafiti

Nueva York — Rodeado de artistas Grafiti, Israel García descubrió su talento en la infancia, cuando vio a su tío hacer trazos en una pared de su vecindario.

Convencido de su potencial diseñó sus propios murales y se instruyó en la técnica del grafiti con ayuda de sus parientes.

Siendo adolescente, García logró el dominio del aerosol y plasmó su primera obra en la “Meca del Grafiti”, un almacén de 200,000 pies cuadrados en Long Island City, conocido como 5 Pointz, que sirve de lienzo a artistas urbanos desde hace once años.

García, de ascendencia ecuatoriana, tiene dos décadas combatiendo los estigmas que marcan el arte del grafiti. Con el negocio colectivo Hip Hop US Latino intenta demostrar que el graffiti no un sinónimo de vandalismo.

¿Qué implica ganarse la vida como artista del aerosol?

Tengo familiares con talento asombroso. Para ellos el grafiti es un pasa tiempo, para mí es un estilo de vida. Dedicarse al graffiti implica amor y respeto por el arte. Muy pocas personas son afortunadas de ganar dinero haciendo lo que les gusta, yo tengo esa suerte. Muchos piensan que pintar en paredes, camisetas y zapatos no puede ser un empleo serio, pero lo es. Requiere de creatividad, dedicación y responsabilidad. Hay quienes vinculan el graffiti con el vandalismo. Mis compañeros y yo intentamos combatir esa idea equivocada al abrir nuestro negocio, quisimos demostrar que somos emprendedores y que aportamos a la economía de la comunidad, como cualquier otro pequeño empresario.

¿En cuánto se pueden vender las prendas decoradas con aerosol y quiénes son tus clientes?

Un pantalón decorado por ambos lados puede vender hasta en $350 o más, depende del tamaño del dibujo. Unos zapatos en $150 y los precios de las camisetas comienzan desde $80. Tenemos clientes de todas las nacionalidades, especialmente coreanos, ingleses y españoles. Una pared se cobra por la extensión del mural y podemos tardar desde una hora hasta diez, todo depende de lo complejo del diseño. El graffiti es un gran negocio cuando hay dedicación.

¿En algún momento el hacer grafiti te involucró en problemas?

A este arte se le debe respecto y eso implica no hacer nada ilegal. Nací en este país, tengo 33 años y desde los 13 me dedico al graffiti, sé cuáles son los límites. Quiero expresarme y en ese proceso no busco molestar a otros. El grafiti puede ser una buena forma de sembrar y transmitir ideas para generar cambios sociales, esa es mi pasión.

¿Cuál es tu obra más querida?

Un mural del presidente Barack Obama en las inmediaciones de la calle Essex en Manhattan. Para su primera elección reinaba un ambiente de esperanza, especialmente para los latinos. Es una de los murales más queridos por lo que represento en su momento.