Veteranos salvadoreños brindan esperanza

Veteranos salvadoreños brindan esperanza
El grupo, integrado por más de 40 veteranos de entre 28 y 50 años, ofrece servicio comunitario en Long Island.
Foto: EDLPFotos: Zaira Cortés

Nueva York — Carlos Mejía recuerda con lucidez el ataque a una pista de aterrizaje en las montañas del departamento de San Miguel, durante la guerra civil de El Salvador, conflicto interno que ocurrió entre las décadas de 1980 y 1990.

Sentando en el apacible jardín de su casa en Brentwood, Long Island y rodeado de otros veteranos del ejército salvadoreño, Mejía enfatizó que en ocasiones el destino es más una certeza que una posibilidad. Conmovido explicó el origen de su conclusión.

Para el 21 de noviembre de 1985, Carlos tenía 28 años y era cabo de la Tercera Brigada de Infantería Teniente Coronel Domingo Monterrosa Barrios.

“Era casi media noche cuando mi superior el teniente Saúl Serrano nos informó del ataque. Le pedí ir primero, pero dijo que no, que el día de uno ya está”.

Mejía “el gato”, sobrenombre que obedece a sus pupilas azules, explicó que minutos después de descender por la montaña, su superior fue baleado en las piernas.

“Con esfuerzo me lo eché a la espalda, entonces recibió el balazo en la cadera que lo dejó paralitico”, indicó. “Como pudimos llegamos a la enfermería. Cada día pienso que pude haber sido yo”.

Luego del incidente, Carlos se dio de baja en el ejército y emigró a Long Island, donde radica hace 21 años. Es entrenador de fútbol de unos 50 niños, niñas y mujeres y miembro de Veteranos Hispanos Unidos, una organización de veteranos salvadoreños y centroamericanos fundada el año pasado.

El grupo, integrado por más de 40 veteranos de entre 28 y 50 años, ofrece servicio comunitario en Long Island (como los esfuerzos de reconstrucción luego de Sandy), pero su labor cruzó fronteras con 15 donaciones de muletas, sillas de ruedas y aparatos auditivos en El Salvador. Entre los beneficiados figuran soldados retirados.

El teniente que Carlos Mejía salvó es uno de los veteranos que recibió en febrero pasado una silla de ruedas.

“No tenemos oficinas, preferimos usar el dinero de la renta para ayudar a los menos afortunados”, explicó el mayor retirado René Brenes, presidente. “La mayoría de las donaciones las financiamos con nuestros propios ingresos”.

Cada mes los integrantes –que en su mayoría trabajan en fábricas- aportan $20 y se reúnen en la casa de Carlos, en las inmediaciones de la calle Banana en Brentwood. Brenes, de 52 años, con experiencia militar en la guerra civil salvadoreña y la guerra contra Honduras, explicó que la organización perpetúa el espíritu de ayuda que despertó en ellos cuando eran soldados activos.

“Muchos colaboramos en algunas catástrofes naturales en nuestro país, creemos que aún podemos ayudar a cambiar la vida de las personas”.

Pedro Granados, que se enlistó voluntariamente a los 15 años en 1985, comentó que ayudar es esperanzador cuando se es sobreviviente de los horrores de la guerra.

“Guardamos silencio acerca de nuestros experiencias militares y cicatrices”, dijo el exintegrante del Batallón Arce. “La esencia del soldado es servir y nos alegra seguir cumpliendo con esa misión”.

Veteranos Hispanos Unidos ofrece servicio comunitario en Brentwood, Central Islip y otros pueblos de Long Island. Su aporte más reciente fue la donación e instalación de un asta para el Memorial Cemetery de Brentwood, como parte de un proyecto del grupo 371 de Boys Scouts.

En su primer aniversario, el grupo busca integrar a veteranos de las fuerzas armadas de otros países latinoamericanos, para ampliar los servicios de ayuda en las diversas comunidades de la isla.

“Tenemos veteranos de Perú, Argentina y Honduras, pero necesitamos más manos dispuestas a contribuir”, dijo el cabo comando retirado Julio Lobos, de 48 años.

Lobos, que muestra con orgullo sus cicatrices luego de servir entre 1982 y 1989, es un activo colaborador, al lado de su esposa Rosa Lobos, que también es una veterana del ejército salvadoreño.