Los DREAMERs deben despertarse

Muchos de los Dreamers, tienen problemas. Nadie sabe qué hacer con ellos. Su dilema radica en que afirman que no hicieron nada malo, dado que los trajeron a este país involuntariamente. Pero se muestran reacios a completar esa idea y admitir quiénes quebraron la ley para traerlos aquí —sus padres.

La buena noticia: Criados en Estados Unidos, son, a efectos prácticos, estadounidenses. La mala noticia: Muchos de ellos han estado, durante años, en el mismo adobo que el resto de los jóvenes estadounidenses —exigiendo derechos pero ignorando responsabilidades, plagados de narcisismo, adulados y convencidos de que son únicos y de que tienen derecho a las cosas.

Lo he dicho antes, con la esperanza de que sirva como llamada de atención para despertar a los Dreamers. Funcionó con algunos de ellos, pero los otros oprimieron el botón del despertador para seguir dormitando.

No importa. Alguien debe decir la verdad sobre un grupo específico de la población de inmigrantes ilegales quienes, con la ayuda de los medios, de organizaciones sin fines de lucros y de los políticos demócratas, se consideran ahora como los príncipes y princesas del mundo de los indocumentados.

Finalmente, en lo concerniente a la misma Ley Dream, el espíritu de esa legislación está presente en la propuesta de ley migratoria de la Pandilla de los Ocho en el Senado. El proyecto requeriría que la mayoría de los inmigrantes indocumentados esperara 10 años para obtener la residencia legal permanente, pero reduce ese período a la mitad, cinco años, para los Dreamers.

¿Por qué? Cuando se introdujo la Ley Dream por primera vez en el Senado en 2011, la idea no tenía sentido. El Congreso no quería ni acercarse a la reforma migratoria. La idea era que el barco se estaba hundiendo y debía haber un salvavidas. La Ley Dream lo fue. Ahora, en 2013, el Congreso está debatiendo una propuesta migratoria que podría legalizar a 11 millones de personas. Por lo que no hay necesidad de salvavidas. ¿Por qué son los Dreamers más importantes que millones de inmigrantes ilegales que trabajan arduamente y no van a la universidad ni son parte de las fuerzas armadas?

La Ley Dream es una idea que tuvo su momento, y ese momento se pasó. Mirando atrás, la ley fue siempre esnob y divisiva. Hubiera colocado a los que fueron a la universidad por delante de los que fueron a trabajar y optaron por una escuela vocacional. Hubiera dividido familias.

“Acción diferida para los que vinieron de niños” o DACA (por sus siglas en inglés) no ha satisfecho las expectativas que creó. Los Dreamers no son tan extraordinarios como piensan ser. Y la Ley Dream no parece tan promisoria como lo pareció en otro momento.

¿Dónde nos deja todo esto? En el mismo lugar en que estábamos en 2001, antes de que se iniciara esta telenovela —con la necesidad de una reforma migratoria real que no sea elitista y actúe sin favoritismo.

© 2013, The Washington Post Writers Group