Un desierto que devora sueños

Un desierto que devora sueños
Restos de ropa en el desierto de Sonora donde más de 2,000 cuerpos fueron encontrados en ese paso fronterizo desde 1998.
Foto: Fotos: Archivo

Un costillar reposa inmóvil al lado de unos arbustos resecos y polvorientos. Unos pasos adelante una osamenta tienta a un grupo de moscas que se alejan pronto al ver que allí ya no hay carne. Podría ser ganado, pero una playera descolorida y unos tenis despedazados completan el cuadro y permiten atar cabos: se trata de restos humanos. Restos de inmigrantes y restos de sueños, carbonizados, ambos, por el sol implacable del desierto de Sonora. Allí, en la frontera con Arizona, este paisaje de cactus y huesos es habitual.

“Nadie habla de las muertes. Cuando se habla de los indocumentados tendemos a pensar en los que llegan o en los que son apresados en el intento pero no de los que mueren y sentí que era mi responsabilidad moral mostrar esto”, sostiene Marco Williams, 56, que acaba de presentar su documental ‘indocumentados’ en el Festival de Cine de Derechos Humanos de Nueva York.

Para realizar el film Marco caminó durante varias jornadas –a veces varias horas por día- en compañía de agentes fronterizos armados con rifles y con perros y captó con su lente esta verdadera cacería humana. “Los inmigrantes que son apresados son los que quedan a la vera del camino; a los que los coyotes abandonan para que no retrasen al resto del grupo que intenta cruzar”, explica Marco.

Marco y su cámara no solamente recorrieron el vasto desierto si no también morgues porque no todos los inmigrantes corren ese destino y son cientos los que perecen durante la travesía. “Dialogué muchísimo con médicos forenses de Tucson que son los que reciben los cuerpos en descomposición encontrados en esta zona y hacen un esfuerzo junto con el Consulado Mexicano por identificar a esas personas. Si no fuera por su trabajo”, agrega, muchas familias nunca podrían saber qué fue de sus seres queridos. Esto contribuye a su duelo y a que el círculo no quede sin cerrar.”

Es el caso de Marcos Hernández, un muchacho mexicano que aún tiene esperanzas de encontrar a su padre o al menos algo de él. “Elegí contar su historia porque representa el sufrimiento de todos aquellos que desean suerte a un familiar que cruzará y luego sólo saben que el desierto se los devoró, nada más”.

‘Undocumented’ lo llevó al sur de la frontera y la experiencia le dejó una marca indeleble. “Confieso que antes de filmar el documental no sabía mucho de México y con este proyecto tuve la oportunidad de recorrerlo a fondo; de conocer a familias de todo tipo indígenas, rurales, más de ciudad. Todos me abrieron la puerta de sus casas, algunas sumamente humildes, y me ofrecieron todo de sí. Quedé muy impresionado con México y con su gente maravillosa”.

Tehuipango, en Veracruz o ciudad Neza cerca del DF, Marco visitó los hogares de aquellos que vieron partir a familiares rumbo a Estados Unidos y que luego recibieron un cuerpo. “Los acompañé en esa situación tan dolorosa y fui a muchos funerales. En los velatorios uno siempre escucha a alguno decir ‘fulanito nunca debería haber cruzado’ o ‘¿Por qué no habrá hecho caso; por qué no se habrá quedado aquí en México’. Pero no creo que este problema tenga solución. La realidad es que casi todas las familias en México tienen algún miembro que falleció en la frontera pero también tienen alguien que sí paso, entonces seguirán cruzando”.