Trabajadores ‘desconectados’ de la reforma migratoria

Los afecta el temor a las represalias, el desconocimiento y el aislamiento en que viven
Trabajadores ‘desconectados’ de la reforma migratoria
Antonio Valeriano (segundo desde la izq.) junto a su hijo Gabriel y varios compañeros en la casa que comparten en Red Hook, N.Y.
Foto: EDLP / Mariela Lombard

RED HOOK, NUEVA YORK — Antonio Valeriano, un mexicano que trabaja desde que llegó al país hace 15 años, en granjas en el condado Dutchess, admite saber muy poco sobre la reforma migratoria debido al aislamiento en el que vive.

De estatura pequeña, Valeriano, de 49 años y originario de Oaxaca México, tiene la piel curtida por el sol, al que está expuesto durante seis días a la semana, en una larga jornada laboral que se inicia a las 6 a.m. y que se extiende hasta las 10 p.m. en el verano.

“No pedimos mucho, solo lo justo”, reflexionó Valeriano, aclarando que el poco contacto con el exterior que tienen los trabajadores agrícolas, los mantiene literalmente “viviendo en otro mundo”.

Es por la falta de información sobre la reforma migratoria que otro trabajador, que prefirió no dar su nombre, subrayó “tenemos miedo de todo”.

Valeriano, divorciado y padre de dos hijos de 20 y 21 años, vive junto a otros 18 campesinos en la casa de seis habitaciones que les provee el dueño de la granja donde trabaja desde hace tres años, ubicada en Red Hook —a poco más de dos horas al norte de la ciudad de Nueva York.

La larga jornada de trabajo —que en este momento es para la cosecha de arvejas— solo les representa un poco más de $500 a la semana, suma que para muchos resulta extremadamente baja, porque la mayoría debe enviar dinero a sus familias.

“No pagamos renta ni servicios, pero debemos comprar comida, tarjetas de llamadas y cosas de aseo”, dijo Valeriano, que envía dinero a su hijo mayor, un estudiante de psicología que tuvo que regresarse a México ante la imposibilidad de seguir con sus estudios universitarios en los Estados Unidos.

“Fue un dolor muy grande para mí cuando mi hijo se marchó”, recordó Valeriano, que también enfrenta el dilema con su hijo menor, graduado de la secundaria hace dos años y que aunque quiere estudiar diseño gráfico, está trabajando en el campo porque no ha podido ingresar a la universidad.

En la pequeña sala comedor de la casa, sitio de reunión de los trabajadores que llegan visiblemente agotados, hay un televisor que aparentemente es la única distracción que comparten y en donde no se pierden ni el noticiero ni las novelas mexicanas. En una de las paredes se destaca un afiche de Vicente Fernández, el artista preferido por todos.

“No nos metemos en problemas, venimos a trabajar y lo único que pedimos es que nos permitan ir a nuestro país, aunque sea una vez por año”, dijo Agustín, primo de Valeriano, que también reside en la vivienda.

Sobre las 11 p.m., el aroma de la sazón del grupo de turno encargado de cocinar enchiladas empieza a invadir el lugar, como si por un instante trataran de trasladarse a su tierra querida.

“Nos turnamos para cocinar comida mexicana y el menú varía. Lo que no pueden faltar son las tortillas”, explicó Valeriano que una vez por semana sale con sus compañeros a comprar los comestibles, en un autobús que provee el patrón.

La reforma migratoria no es un tema que les interese a todos los trabajadores por igual. Varios de los compañeros de Valeriano, que son de origen guatemalteco, lo único que quieren es trabajar.

“A muchos no les importa porque no confían en nadie, otros tienen miedo a las represalias de sus patronos”, afirmó Valeriano que desde hace unos meses ha decidido participar más activamente para informarse y luego explicarles a sus compañeros la importancia de la reforma. “Es una triste realidad la que vivimos”.

Al igual que las leyes federales, bajo las provisiones incluidas en el Acta de Relaciones Laborales del estado de Nueva York, los trabajadores agrícolas están excluidos de protecciones laborales.

“La historia de este grupo es solo el reflejo de lo que viven otros trabajadores agrícolas”, subrayó Emma Kreyche, coordinadora del programa de Organización y Defensa del Centro de Justicia de Trabajadores de Nueva York.

Kreyche precisó que al no estar protegidos por la ley estatal “no tienen derecho a cobrar horas extras, acceso a seguro médico y no pueden entablar una acción colectiva”.

Sobre la reforma migratoria, la falta de información convierte a los trabajadores agrícolas en presas fáciles para ser estafados.

“Nos dedicamos a explicarles cómo funciona el sistema y que todo está en una etapa inicial”, indicó Kreyche.

Milan Bhatt, codirector del mencionado centro —establecido en noviembre de 2011— estima que en el estado de Nueva York existen entre 80,000 a 100,000 trabajadores agrícolas, la mayoría provenientes de México y Centroamérica.

Bhatt acotó que es importante que dentro de la reforma migratoria, en el segmento dirigido a los trabajadores agrícolas, se contemplen penas que los protejan contra las represalias. “De no existir este tipo de previsión muchos podrían quedarse fuera por miedo a sus patronos”.

Los trabajadores agrícolas en la parte alta del estado, además de dedicarse a la recolección de frutas y vegetales en el campo, realizan labores en viveros de plantas, lecherías, criadero de pollos y caballerizas.