Piden no mandar militares a las calles

Piden no mandar militares a las calles
Un soldado dominicano patrulla una calle de Santo Domingo.
Foto: ap

Santo Domingo/INS — El exministro de las Fuerzas Armadas, general retirado José Miguel Soto Jiménez, advirtió sobre los efectos adversos que ocasionarán a los cuerpos armados la permanencia por tiempo indefinido de los militares en labores de patrullajes preventivos.

Aclaró que aunque hasta el momento la presencia de los soldados en las calles ha logrado resultados positivos en la disminución de los hechos delictivos, prolongar esa presencia tendrá sus efectos negativos.

Soto Jiménez agregó que ya se puede observar que la postura que tenían en la primera semana de patrullaje no es la misma porque el soldado pierde el alerta.

El antiguo alto oficial militar recordó, entrevistado en un canal de televisión local, que cuando se envían los militares a las calles es con la finalidad de prevenir, pero más que todo disuadir.

Precisó que no le hace bien a las Fuerzas Amadas el hecho de que la ciudadanía y los propios delincuentes se acostumbren al patrullaje militar.

“Recuerda que desde hace mucho tiempo, cuando la gente decía que la guardia está en las calles, eso por si solo llevaba implícito un mensaje, que además de preventivo es altamente disuasivo, pero cuando esa presencia se hace rutinaria se pierden esos efectos”, subrayó.

El general retirado Soto Jiménez sostuvo que a eso hay que agregarle el alto costo que representa mantener miles de hombres en labores de patrulla diariamente.

Dijo que hasta que no se logre revertir la estadística de que más de seis millones de dominicanos viven en la pobreza, por más vigilancia policiaco-militar que se establezca persistirán los niveles delictivos.

Lamentó que entre esos seis millones de ciudadanos, más de 700 mil son jóvenes que ni trabajan ni estudian a los cuales no se les ha ofrecido alternativa de tener una vida digna.

El patrullaje combinado por militares y policías se mantiene en todas las provincias del país como forma de preservar la seguridad, alterada por las acciones de los delincuentes que de paso han segado vidas de ciudadanos, entre ellos oficiales de alto rango.