Los derechos de las mujeres empiezan en nuestra unión.

Roxana trabajó en MADRE, una organización internacional por los derechos humanos de las mujeres.
Roxana trabajó en MADRE, una organización internacional por los derechos humanos de las mujeres.
Foto: Cortesía

En la noche del 4 de Julio una joven llamada Roxana Díaz Gómez de 27 años fue atropellada por un conductor borracho cruzando la Avenida Flatbush en Brooklyn. Luego de seis días en coma, Roxana murió rodeada de su querida familia y amigos.

Muchos de nosotras y nosotros conocemos a alguien que fue arrancado de nuestras vidas muy rápido. Quizás puede imaginarse a esa persona mientras lee este artículo. Para mí y para muchas de nosotras que éramos parte de la vida de Roxana, su imagen regresa una y otra vez en nuestros pensamientos.

Yo tuve la oportunidad de trabajar junto a Roxana en MADRE, una organización internacional por los derechos humanos de las mujeres. Cada día, fui testigo de su fortaleza y su determinación para mejorar la vida de las mujeres. Cuando las mujeres con las que trabajamos confrontan peligros y crisis, nosotras nos movilizamos para poder apoyarlas. Eso es lo que activistas de derechos humanos de las mujeres hacemos. Eso era lo que Roxana hacia cada día.

Quizás no conozcan a Roxana. Pero no es muy tarde para conocerla y poder aprender las lecciones reveladas a través de su ejemplo durante su vida. Estas son las lecciones que todas debemos preservar si queremos avanzar con el trabajo y activismo al cual ella se dedico arduamente.

Trabajar con empeño. Roxana era incansable y determinante. Ella era una fuerza llena de energía, siempre en movimiento. Ella estaba ansiosa por aprender y expandir su conocimiento. En las tardes, Roxana tomaba el subway “uptown” hasta la Universidad de Columbia, donde era estudiante. Era una atleta y recientemente completo media maratón. La gente raramente posee un sentido ferviente de la vida. Roxana visualizó el camino frente a ella y tomo las medidas necesarias para llegar a donde se había propuesto.

Cuidarse a una misma y a los demás. Cuando el trabajo se transformaba en abrumador, cuando necesitamos tomar un descanso, y apoyarnos en una compañera y hacer algo divertido, Roxana estaba presente. Ella representaba la necesidad de cuidar a su familia y sus amigas y amigos. Y luego de su muerte, vimos como el cuidar y preocuparse por los demás significo mucho más para las personas allegadas. Cuando las activistas de derechos humanos de las mujeres con las que trabajamos se enteraron del trágico accidente, inmediatamente nos hicieron llegar sus mensajes, muestras de cariño y apoyo por todas partes del mundo.

El reír. La risa de Roxana es inolvidable y a ella le encantaba poder compartirla. Recordar el sonido de su risa y visualizar su cara sonriente nos llena los ojos de lágrimas, pero también nos da alegría. Esa alegría es la luz que vemos en estos momentos oscuros.

Y ser valiente. Roxana nació y creció en Nicaragua, pero asumió el desafío y se aventuró a vivir lejos de casa. Ella estableció su vida en esta gran y extraña ciudad. Ella invito a muchas de nosotras a ser parte de esa vida.

Cuando organizamos movimientos por los derechos de las mujeres, mucho depende de las amistades que construimos y en las lecciones que compartimos entre nosotras. Estoy agradecida por haber tenido la oportunidad de aprender de Roxana. Te extrañaremos pero no te olvidaremos.