La matanza en Egipto

Egipto es un socio clave para que Estados Unidos pueda mantener su compromiso de seguridad con Israel y de estabilidad en esa zona del Medio Oriente.

Los deseos del presidente Obama de suspender los ejercicios militares conjuntos entre Estados Unidos y Egipto, debido a la matanza de más de 500 personas como consecuencia de la represión militar contra los simpatizantes del depuesto presidente democráticamente electo Mohamed Morsi, reflejan la impotencia estadounidense ante los acontecimientos.

La Administración Obama se vio desde el primer momento en camisa de 11 varas desde la caída de Hoshni Mubarak. De ahí en más, respaldó una elección en la cual ganó la Hermandad Musulmana, mucho mejor organizada que los otros grupos de oposición. Las tendencias autoritarias de Morsi llevaron a nuevas protestas que fueron aprovechadas por los militares para derrocar al Presidente.

El pragmatismo de la Casa Blanca la llevó a no reconocer lo obvio, un golpe de estado militar que derrocó a un presidente electo y el impacto desestabilizador que esto tiene entre el electorado que ve derrocado a un presidente.

Lo peor de todo es que el golpe de estado, como la cruenta represión, es tan solo un capítulo de una larga batalla que mantienen por décadas los militares egipcios con la Hermandad Musulmana. Un conflicto que se agrava a medida de que los muertos aumentan, porque la mayor experiencia de la Hermanad es precisamente la resistencia desde abajo.

Un eje central de la política exterior estadounidense es que Egipto mantenga la paz con Israel, para eso le paga miles de millones de dólares anuales, 1,300 de ellos en ayuda militar. Esto alienta a que los gobernantes militares continúen con este compromiso. Lo más difícil es la estabilidad interna de una nación cuyas grandes divisiones iníciales se ahondan con la matanza de manifestantes opositores.

Impremedia/La Opinion