Yankees colocan a Mo entre los grandes

En emotiva ceremonia destacan la brillante carrera del cerrador panameño
Yankees colocan a Mo entre los grandes
Mariano Rivera se dirige al público durante la ceremonia de despedida organizada ayer por los Yankees.
Foto: efe

Nueva York — Fue una tarde en El Bronx que ni el sol se quiso perder. Por eso no dejó que las nubes lo cubrieran y alumbró pleno desde lo más alto al Yankee Stadium que se abarrotó para honrar y despedir a uno de sus grandes: Mariano Rivera.

Es el último hombre en portar el 42 en su espalda. Es el más grande cerrador en la historia de Grandes Ligas. Es una figura querida y respetada. Es un ejemplo para todos los peloteros. Es el ídolo que ha dado un sinnúmero de alegrías a la afición de los Bombarderos. Es, seguramente, un hombre que estará pronto en el Salón de la Fama.

Es también un panameño que se suma a los históricos del Yankees, el equipo más grande de béisbol. Y como tal, recibió un homenaje digno de una leyenda a unos días de que termine su carrera profesional.

Bien se podría decir que se trató de un festejo histórico en muchos sentidos.

Llegó la familia del difunto dueño de los Yankees, George Steinbrenner, la esposa y los hijos de Mariano, y la viuda y la hija de Jackie Robinson, para acompañar al lanzador de Puerto Caimito, Panamá, a develar la placa conmemorativa al jugador que rompió la barrera de color en Grandes Ligas y cuyo número era el que Rivera despedirá cuando tire su última curva cortante como profesional.

“Aunque no lo conocí, Jackie Robinson ha sido un héroe y una inspiración para mí”, dijo desde el montículo.

Pero antes de llegar ahí hubo mucha más fiesta para Mariano.

En las tribunas ondeaban banderas panameñas. Las camisas azules con el 42 de Rivera eran el uniforme oficial para la celebración. La gente estuvo siempre de pie atenta a cada detalle del tributo al mejor cerrador de todos los tiempos.

‘Mo’ sonrió y develó la placa y su número, y poco después aparecieron uno a uno frente al montículo figuras clave en la carrera de Mariano como David Cone, John Wetteland, Hideki Matsui, Tino Martínez, Paul O’Neill, Bernie Williams, Jorge Posada y Joe Torre.

Ahí esperaron a ‘Mo’ que salió del bullpen justo cuando la banda de rock Metallica comenzó a tocar ‘Enter Sandman’, que se volvió en la señal de su entrada al terreno de juego, la melodía que anunciaba el fin seguro de sus rivales, que marcaba la hora de apagar las luces e irse a casa.

“¡Gracias Mariano!” gritó James Hetfield, guitarrista y voz de la banda, al mismo tiempo que la estridencia de las guitarras sacudía al estadio.

La gente rugió. La gente aplaudió. Y Mariano Rivera caminó al montículo como lo hizo en esas 19 temporadas vistiendo el uniforme del Yankees.

Vino una lluvia de regalos: una mecedora hecha con bates para que disfrute su retiro, una guitarra firmada por Willie Mays para que toque, un amplificador con su número y su apodo ‘Sandman’ (El hombre de los sueños) y un guante de cristal como reconocimiento a todos sus logros.

La voz del Estadio Yankee fue una sola llamando su nombre “¡Ma-Ria-No! ¡Ma-Ria-No!” Y Rivera, que siempre tiene un poco de tiempo para todos, que nunca niega un saludo, que siempre pone el nombre de Dios ante todo, se dio un momento para agradecerle a quienes lo han acompañado en esta travesía.

“Quisiera comenzar agradeciendo al señor porque ha hecho esto posible y sin él no podría estar aquí”, dijo Rivera. “También agradezco a mi hermosa esposa Clara por el amor y la paciencia, la mucha paciencia, el cariño y el apoyo que me ha dado todos estos años”.

También dedicó palabras para su país natal.

“A mi país Panamá, gracias por estar aquí conmigo. Ha sido un año bastante fuerte y difícil pero ustedes han estado aquí”, dijo. “A mi pueblo hermoso, Puerto Caimito en Panamá, sé que están en sus corazones conmigo”.

El coliseo de El Bronx se desbordó nuevamente coreando su nombre a la espera del día en que Rivera, el grande Rivera, tire su último lanzamiento.