Mo: ¿unánime a Cooperstown?

Mo: ¿unánime a Cooperstown?
Entre lágrimas y aplausos, tras 19 años de carrera, Mariano Rivera se despidió de los aficionados en Yankee Stadium.
Foto: AP

NUEVA YORK/AP — En una época en la que muchos de los estelares peloteros se han despedido de Grandes Ligas por la puerta trasera, Mariano Rivera es una bocanada de aire fresco en el béisbol.

Después de 19 temporadas, había llegado el punto final para Rivera en su casa, el Yankee Stadium, y el desenlace estuvo cargado con todo el drama y pompa que el equipo de Nueva York es capaz de ofrecer.

El relevista más destacado de la historia rompió a llorar en el montículo cuando Derek Jeter y Andy Pettitte salieron del ‘dugout’ para sacarle con dos outs en el noveno inning del juego del jueves, lo cual fue seguido por abrazos interminables y sollozos entre los tres compañeros de generación.

Prácticamente todo el mundo lloraba en el estadio —copado con 48,675 fanáticos— o tenía un nudo en la garganta. A pie de terreno, los jugadores de los Rays, el equipo adversario, aplaudían, inclusive algunos de los umpires y agentes de policía. Una noche inolvidable de alegría, pese a que fue un partido que perdieron los Yankees perdieron. Se iba un grande, un deportista ejemplar.

“Fui bombardeado con emociones y sentimientos”, relató Rivera, quien en noviembre cumplirá 44 años. “De repente me di cuenta de todo. Sabía que era la última vez. Punto. Nunca había sentido algo semejante”.

Dueño del récord histórico de salvamentos con 652, más otros 42 en postemporada (que es precisamente el número de su camiseta), y campeón de cinco Series Mundiales, el panameño retiró a los cuatro bateadores que enfrentó el jueves y redondeó otro guarismo que refleja la excelencia de una carrera que emprendió en 1995.

Rivera había completado 1,283 y 2/3 de innings, combinando un total de 1,284 hits y bases por bolas para poner en exactamente en 1.00 su WHIP (boletos más hits entre entradas lanzadas). Entre los pitchers que tuvieron un mínimo de 1,000 innings, Rivera aparece tercero en la tabla histórica, sólo superado por lanzadores que actuaron a inicios del siglo pasado.

Y aquí es donde el derecho de Puerto Caimito, Panamá, conjuga los elementos de estadísticas e imagen que le permiten ser tan admirado.

Mientras Barry Bonds, Roger Clemens y otros más se han ido en medio de cuestionamientos y sorna por sus vínculos con la era de los esteroides, Rivera sólo ha recibido pleitesía.

Todo esto abre el compás para plantearse algo cuando llegue el momento que el nombre de Rivera aparezca por primera vez en la papeleta de votación para el Salón de la Fama: ¿Será el primero en entrar a Cooperstown unánimemente?

Nadie ha conseguido ser elevado con el respaldo pleno de la masa que integra la Asociación de Cronistas de Béisbol de Norteamérica.

Quien más cerca estuvo de lograr fue Tom Seaver, lanzador que en 1992 logró el 98,94% de los votos. Pero cinco de los 430 que votaron decidieron ignorarle en su primera oportunidad.

Y así pasó con otros mitos. Once desairaron a Babe Ruth en 1936, y 23 hicieron lo mismo con Willie Mays en 1979. Jackie Robinson, el hombre que rompió la barrera racial y con una magnífica carrera, logró la exaltación al apenas raspar el porcentaje mínimo necesario de 77,5% en 1962. Igual con Ted Williams, Hank Aaron e Cal Ripken Jr., Joe DiMaggio, Rogers Hornsby y Harmon Killebrew tuvieron que esperar por más de una elección.