Unidos en la distancia

NUEVA YORK – Mientras cientos de personas se congregaban ayer para participar en la multitudinaria marcha pidiendo la aprobación de la reforma inmigratoria, muchas otras se vieron imposibilitadas para acudir por otro tipo de circunstancias, ajenas a su voluntad.

Como el caso de Manuel Gaviria, un mexicano de 28 años que no pudo obtener permiso de su trabajo en una tienda del Alto Manhattan. “Quería ir, pero mi jefe no me dio permiso, así que acompaño a todos mis hermanos de corazón” dijo.

Edely Cardona, una argentina de 60 años, residente en Plainfield Nueva Jersey, se la pasó toda la semana pasada repartiendo los panfletos en varias ciudades —para animar a la participación— pero un accidente el jueves por la noche la tiene recluida en su hogar. “Me falló mi pierna y me caí al piso, me golpeé mi cara, así que me quedé con las ganas de ir”, explicó en tono de tristeza.

Entre tanto Ángel Cáceres, un “dreamer” dominicano de 22 años residente en Union City, Nueva Jersey, se lamentó por no haber podido asistir a la marcha, porque no obtuvo el permiso de su jefe para ir.

“No puedo darme el lujo de faltar al trabajo porque me pueden despedir” aclaró el joven, agregando.