Cuatro hispanos enlazados en el Clásico de béisbol

Cuatro hispanos enlazados en el Clásico de béisbol
El dúo boricua Carlos Beltrán (3.) y Yadier Molina (4), alma y nervio de los Cardenales de San Luis, enfrentan a David Ortiz y Dustin Pedroia, los 'duros' de Boston.
Foto: fotos ap

Nueva York — Los caminos de cuatro peloteros latinos se enredarán durante la Serie Mundial que a partir de este miércoles comenzarán a jugar los Cardenales de San Luis y los Medias Rojas en el Fenway Park de Boston.

Unos son consagrados. Otros buscan la redención. Y unos más quieren solidificar su juego para afianzarse en las Ligas Mayores.

Todos son parte de la gran trama que promete desarrollarse cuando los dos mejores equipos—ambos tienen los mejores récords y son los que más carreras anotaron en la temporada—presenten sobre el terreno de juego sus mejores argumentos para llevarse el cetro de las Mayores.

Se podría pensar que los senderos ya estaban enmarañados porque hay historia reciente entre los dos equipos. Ambos disputaron un Clásico de Otoño hace algunos años y entre sus filas aún quedan jugadores que vivieron esas batallas.

Ha pasado casi una década desde que ‘Cards’ y ‘BoSox’ se encontraron en la Serie Mundial de 2004, año en el que debutó con los pájaros rojos el receptor puertorriqueño Yadier Molina quien estaba por cumplir 22 años.

Del otro lado se encontraba el dominicano David Ortiz, el ‘Big Papi’, que jugaba su segundo año vistiendo la franela del Boston y que fue, con sus 41 jonrones en la temporada y cinco más en los playoffs, pieza clave en el embrague que encaminó a su equipo a la Serie Mundial.

Los de Boston barrieron a los del Medio Oeste y trajeron a su fin los 86 años de la ‘Maldición del Bambino’, llamada así debido a que el equipo no ganó un campeonato desde que su dueño en aquel entonces vendió a Babe Ruth a los Yankees. Ortiz se destacó en ese Clásico de Otoño impulsando cinco carreras y pegando un cuadrangular en su primer turno al bat en una Serie Mundial. Molina apenas jugó el cuarto y último juego de los enfrentamientos.

Nueve años después, Yadier Molina y David Ortiz lucharán nuevamente por el cetro de las Ligas Mayores, ahora como jugadores consagrados cargando sobre su espalda la historia y los destinos de sus respectivas novenas.

“No pienso en eso”, dijo Molina ante los medios. “Sólo pienso en que tenemos que salir a jugar y demostrar porque estamos aquí”.

El que si le regala un poco de su pensamiento es el toletero dominicano.

“Es increíble después de los dos años previos que tuvimos. Llegar a la Serie Mundial es algo que nadie pensaba que podríamos hacer”, comentó. “Nosotros no tenemos el talento que teníamos en el 2004 o el 2007, pero tenemos jugadores que se toman muy en serio estos momentos”.

Ambos son engranes fundamentales de la maquinaria que impulsa a sus respectivos equipos. Molina es, para muchos, el mejor receptor de las Grandes Ligas. Ortiz, con su poderoso bat, se ha convertido en el prototipo del bateador designado. La hora de volverse a encontrar les ha vuelto a llegar y será sin duda un duelo que no hay que perderse.

Carlos Beltrán era una estrella, un jugador completo, cuando llegó a los Mets en el 2005. Llegó al equipo al firmar un contrato para atarse a los ‘Asombrosos’ por siete temporadas y $119 millones.

Su producción fue mermada por una lesión al chocar cabeza contra cabeza con su compañero Mike Cameron cuando se lanzaron para atrapar una pelota. Le tomó una campaña retomar su forma. Pero cuando lo hizo, mostró que valía cada dólar.

En su segundo año con los Mets, Beltrán pegó 41 vuelacercas y anotó 127 carreras. Su pulcra defensa en las praderas lo hizo acreedor a su primer guante de oro. Fue reconocido como el mejor jardinero central. Quedó cuarto en la votación para jugador más valioso de la Liga Nacional. Todo marchaba de maravilla para el boricua.

En la serie de campeonato de la Liga Nacional, Beltrán pegó tres jonrones y parecía que estaba a punto de llevar a los Mets a una Serie Mundial por primera vez desde el 2000. Pero todos sus logros se fueron por la borda. Era la novena entrada del juego siete de la serie final de la Nacional. Los Cardenales ganaban 3-1, la casa estaba llena y Beltrán se dispuso a batear con dos hombres fuera. El boricua se ponchó en cuenta 0-2 ante el novato Adam Wainwright. Fue el último juego de playoff en el estadio Shea. También fue la última aparición de los Mets en playoffs hasta la fecha.

Hoy Beltrán juega para el equipo que lo dejó fuera.

Con ellos se ha consagrado como un indispensable patrullando las praderas y su bate promedia arriba de 25 cuadrangulares en los dos años que lleva con el equipo. Cuando salte al campo, Beltrán finalmente habrá conquistado una meta en la vida de cualquier pelotero.”Soñar con lograr esto era bonito”, comentó a los medios. “Pero la realidad es mejor. Este es un sueño hecho realidad para mí”.

Habrá que ver si sueño termina con un cetro o con las manos vacías.

La historia lo acomoda a uno donde debe de estar. Es cuestión de uno actuar para saber qué papel se jugará en las crónicas del pasado. Es en esa incertidumbre en la que se encuentra Franklin Morales, el relevista venezolano de los Medias Rojas.

Muchos han elogiado el brazo de este zurdo de San Juan de los Morros, Venezuela. Pero su paso por las Mayores ha sido más accidentado que glorioso, a pesar de que hasta lo llegaron a comparar con el legendario pitcher de los Mets, Tom Seaver.

Relegado por la lesiones, Morales encontró en esta postemporada un lugar en la rotación de apoyo del Boston, bajo la sombra del japonés Junichi Tazawa y el veterano Matt Thorton.

Ellos han brillado. El venezolano no tanto. Su porcentaje de carreras limpias está por los cielos con 6.75. En su última aparición en la serie de campeonato de la Liga Americana llenó las bases de Tigres y permitió el sencillo que le dio la ventaja a Detroit y que casi le cuesta el partido al ‘BoSox’.

El madero de Shane Victorino lo salvó de la derrota cuando pegó el grand slam que puso a los Patirrojos en la Serie Mundial. El sendero de Morales se podría definir así: quizás no sea su hora, pero quizás sea la hora para encontrar la confianza que necesita.