Se abre el telón de la reforma… otra vez

El presidente Barack Obama enumeró tres áreas de su agenda doméstica donde espera cooperación del disfuncional Congreso, siendo una de ellas la reforma de las leyes de inmigración.

¿Qué probabilidades de avanzar tiene dicha reforma en la Cámara Baja este año, o qué tendría que pasar para que ese organismo actúe y en algún momento negocie con el Senado?

Si de escenarios se trata, el más simple es también el más nefasto. La mayoría republicana puede dejar que el reloj avance y no aprobar nada. De este modo no hay proyecto para negociar con el Senado y el tema vuelve a emplearse como tema de campaña para los dos partidos en las elecciones de medio tiempo de 2014. Los demócratas acusarán a los republicanos y los republicanos a los demócratas.

A pesar del culebrón presupuestario, todavía hay algunos republicanos que buscan impulsar el tema de la reforma en la corta agenda de este año.

El líder de la mayoría republicana cameral, Eric Cantor, de Virginia, continúa sus esfuerzos de presentar un proyecto de ley, el Kids Act, que concedería una vía a la ciudadanía para los jóvenes indocumentados Dreamers, pero no para el resto de la población indocumentada.

También se sabe que el congresista republicano de Wisconsin, Paul Ryan, exaspirante vicepresidencial, sigue platicando con demócratas en busca de consenso legislativo.

La pregunta es qué pasará si Cantor presenta el proyecto de legalización limitada a los Dreamers. ¿Lo rechazarán los demócratas que presentaron su propio plan de reforma con vía a la ciudadanía para los millones de indocumentados? ¿O lo verán como una potencial vía para llegar a la mesa de negociaciones con el Senado y en esa conciliación tratar de negociar la inclusión de un más amplio universo de indocumentados?

La Cámara Baja presidida por John Boehner se niega a debatir el proyecto del Senado y en su lugar sólo se han avanzado a nivel de comité varias medidas, en su mayor parte de corte policial y punitivo, pero ninguna ofrece una vía de legalización. Con todo, la idea es que lo que apruebe la Cámara Baja dé paso a una negociación con el Senado.

¿Qué hará Boehner? Se dice que ganó favores entre los extremistas por haberse enfrentado a la Casa Blanca.

Si el sentido común prevalece, Boehner puede, junto a figuras sensatas del liderazgo republicano, permitir que llegue al pleno alguna medida con posibilidades de ser aprobada para dar paso a una negociación bicameral que, de resultar exitosa, permitiría a los dos partidos compartir el crédito por la esquiva reforma migratoria. O bien, Boehner puede seguir la vía de los extremistas y otras figuras del Tea Party y frenar cualquier tipo de acción migratoria.

Boehner puede liderar y ser parte de una solución beneficiosa para los inmigrantes, el país y su partido, o puede continuar en negación y seguir buscando excusas y culpables por un daño autoinfligido. La negación republicana en inmigración y en otros asuntos de interés para el país puede, irónicamente, perjudicarlos en las elecciones de medio tiempo cuando los demócratas apuestan a recuperar la mayoría.