Julia Nasqui:

Julia Nasqui:
Julia Nasqui gana entre $380 a $400 a la semana limpiando hogares.
Foto: EDLPJosé Acosta

NUEVA YORK — La madre ecuatoriana Julia Nasqui llegó a Nueva York en 1996. Como el dinero que ganaba su compañero y padre de sus dos hijas no alcanzaba para los gastos del hogar, ella se vio en la necesidad de buscar trabajo, pero sin que éste le impidiera cuidar de sus niñas, hoy día de 12 y siete años.

En 2009, su hermana la introdujo en el trabajo de limpiar casas, apartamentos y oficinas, y durante dos años viajó en el sistema de trenes Metro North desde El Bronx, donde tenía su residencia, hasta Peekskill, en el condado de Westchester, donde vivía su hermana, a ejercer el oficio. Cuando dominó el inglés suficiente y aprendió el oficio, decidió buscar suerte en la ciudad de Nueva York, a través de una agencia dedicada a este tipo de servicio, en la que sólo tomó una cliente y desde ahí ella sola se labró la clientela con la cual se gana la vida sin necesidad de intermediarios.

¿Cómo logró conseguir los clientes?

-A través de recomendaciones. Un cliente fue recomendándome con el otro y hoy día le doy servicio a ocho viviendas, cuatro de judíos y cuatro de americanos (blancos estadounidenses).

¿Hay alguna diferencia entre judíos y blancos a la hora de darles servicios de limpieza?

-Los americanos son muy estrictos con la puntualidad y pagan el servicio de limpieza por el tamaño del apartamento. Un estudio, por ejemplo, vale $60, y la limpieza de un apartamento más grande puede costar $70 ó $80. Los americanos además son más considerados con los trabajadores, preguntan si tenemos hijos, dan propinas en Navidad y hasta nos regalan cosas, que puede ser hortalizas o cereales. Por su parte, los judíos pagan la limpieza por hora, que puede ir de $10 a $20, y no les gusta que se trabaje más de las horas acordadas, aunque el trabajo lo amerite.

¿Qué es lo más extraño que usted ha visto en su trabajo?

-De todo. Desde apartamentos muy limpios hasta gente con dinero que viven en un estado de pobreza peor que uno, por el estado tan mugriento de sus apartamentos. Tengo una cliente que tiene siete hijos, que vive en condiciones deplorables y no por falta de dinero. Es un desaseo total, y un desorden inimaginable. Los niños pequeños crecen como unos animalitos entre la mugre. Ella sólo me paga a $10 la hora y yo lo acepto porque fue mi primera cliente en Manhattan. Pero en las cuatro horas que trabajo no hay un minuto de descanso. Hay que poner orden desde la cocina hasta los cuartos, lavar platos, acomodar la ropa… Al principio me empleaba a fondo y hasta le limpiaba las paredes que los niños embarraban de comida, con la esperanza de encontrarla más limpia a la semana siguiente; pero cuando vi que era imposible mantenerla limpia, dejé de lavar las paredes y sólo limpio lo básico.