Padre John Grange: un ejemplo ecuménico

Conocí al Padre John Grange en el 2000, cuando llegue a su parroquia, San Jerónimo en El Bronx, para entrevistarlo como parte de mi tesis doctoral sobre la inmigración Mexicana en la ciudad de Nueva York.

El Padre pasó la mayor parte de su vida participando en la práctica diaria del ministerio: escuchando confesiones, unción de los enfermos, bautizando, y dando comunión. El rompió con el equilibrio tradicional entre el pecado y el perdón, la confesión y la redención. Para él, todo ser humano era bueno—siempre. El veía las prácticas e iconos culturales de devoción como un medio de acercar a la gente a la iglesia. Por esa razón, colocó una imagen de la Virgen de Guadalupe años antes, como un faro, para todos los que pasaban por San Jerónimo.

Cuando el Padre Grange murió hace dos semanas, sucedió después de que miles de feligreses lo acompañaran en su cuarto en el hospital. En su funeral, el Senador del estado, José M. Serrano dijo “Padre Grange fue el mejor Padre Irlandés. También fue el mejor Padre puertorriqueño, el mejor Padre afroamericano, y el mejor Padre mexicano”.

Nacido y criado en el mismo vecindario que sirvió la mayor parte de su carrera, a menudo comparaba los esfuerzos de adaptar y prosperar de sus padres inmigrantes irlandeses en la Cuidad a principios del siglo 20 con los esfuerzos del grupo de inmigrantes mas recién llegados, los Mexicanos, en los 80 and 90. El era uno de cuatro sacerdotes que formaron el Grupo Timón, el comité formado para estudiar y elaborar estrategias sobre las soluciones al desafío pastoral a consecuencia de la afluencia reciente de mexicanos a las parroquias de la cuidad de Nueva York.

Sentían que la necesidad social de grupo afectados por la pobreza, estatus migratorio, explotación y abuso en el lugar de trabajo y escuelas, merecía una respuesta urgente por parte de la iglesia.

El padre Grange buscaba inspirar y apoyar la formación de líderes en las comunidades en las que servía. Desarrolló relaciones significativas con movilizaciones ecuménicas e inter–religiosas en el sur del Bronx y estaba dedicado en muchos movimientos a la justicia social. El era parte de una de las primeras cohortes de sacerdotes diocesanos enviadas a Puerto Rico por el Cardenal Spellman. Los seminaristas fueron enviados a la isla para aprender español y subsistir en la generosidad de las personas rurales. El padre Grange adoptó esta experiencia, aprendiendo un español fluido que usaría mucho en su carrera.

El tuvo confrontaciones con el Cardenal O’Connor y después con el Cardenal Egan. Protestó ruidosamente en contra de los cierres programados de San Jerónimo y su escuela parroquial. Cualquier fricción con la iglesia fue ignorada cuando el Padre Grange fue enviado a la vida después de la muerte con toda la fanfarria posible, incluyendo un funeral presidido por el cardenal Dolan quien elogió a la humildad, estudiosidad y lealtad del Padre Grange.

Pero los que conocíamos y amábamos a John Grange sabemos que esas características desempeñaron un papel de apoyo a su hambruna de cambio social y a su compromiso radical con la justicia de este mundo, no solo en el reino de Dios. Que descanse en paz y que su legado de altruista funcione para que las comunidades del Sur de El Bronx perduren.