El momento de la verdad de Arne Duncan

Si somos honestos con respecto a uno de los mayores problemas —es decir, las bajas expectativas que tienen muchos educadores con respecto a algunos estudiantes y que después se convierten en una predicción que acarrea su propio cumplimiento— ¿cómo podemos evitar el tema?

Seguro, algunos se sentirán incómodos. La intersección del factor de la raza y la educación siempre ha sido un tema delicado. La gente sabe que hace sólo 60 años, muchas de las escuelas públicas de Estados Unidos estaban segregadas racialmente por la ley. Aún así, en un país que es generoso para perdonar, pero que tiene mala memoria, a mucha gente le gusta fingir que todo eso es parte del pasado y que nuestras escuelas públicas son, ahora, un modelo de justicia e igualdad.

No, en el mundo real. No, cuando aún se encamina a los estudiantes para que tomen o no tomen los cursos Advanced Placement, sobre la base de factores que, si somos honestos, podrían incluir la raza y la etnia. No, cuando los padres toman por descontado que algunas escuelas son mejores que otras basándose en la composición racial y étnica del cuerpo estudiantil.

El secretario de Educación, Arne Duncan, no evitó hablar de la raza —y para el caso, del tema igualmente delicado de la clase social— en los comentarios que dirigió recientemente ante un grupo de jefes estatales de educación. Estaba encarando a críticos del programa de estándares nacionales de educación, conocido como Núcleo Básico Común, señalando que entre ellos hay “madres suburbanas blancas”.

Su punto era que muchos críticos del Núcleo Básico Común, tienden a echar la culpa de la fiebre al termómetro. Esos esfuerzos han expuesto puntos débiles en escuelas locales, dijo, y la gente no está contenta con lo que ve. Además, Duncan implicó que —si la enfermedad se limitara a otra parte de la ciudad— es probable que a algunos de estos críticos no les hubiera importado lo suficiente como para armar un lío.

“Para mí es fascinante,” expresó Duncan a los funcionarios estatales, “que parte de la reacción provenga de, como, madres blancas suburbanas quienes —repentinamente— su hijo no es tan brillante como pensaban y su escuela ya no es tan buena como pensaban, y eso es bastante aterrador. Uno apuesta la casa y el lugar donde vive y todo a ‘Mi hijo va a estar preparado.’ Eso puede ser un puñetazo en el estómago.”

Por su franqueza, tanto liberales como conservadores se mueren por dar el puñetazo a Duncan.

No te preocupes, Arne. No es personal. Ambos bandos están presionando para obtener sus objetivos. Los liberales están alterados porque Duncan suena como si estuviera trabajando para el gobierno de Bush, que siempre exigió más de las escuelas y está recibiendo críticas de los sindicatos de maestros y otros grupos de presión. Mientras tanto, los conservadores equiparan el Núcleo Básico Común, y cualquier examen nacional o programa acordado, como parte una forma en que el gobierno federal se hace de más poder y tienen remilgos cuando se invoca la raza o la etnia.

Sin embargo, lo que me fascina es que alguien pueda pensar que lo que dijo Duncan sea para nada controvertido. Son todas suposiciones. Corriendo el riesgo de ser poco popular, alguien debe decirlo. Duncan lo hizo. Y por haberlo hecho se merece un diez.

© 2013, The Washington Post Writers Group

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