Jenni Rivera: la entrevista perdida. Lo nunca publicado

En su última charla en exclusiva con 'La Opinión', abrió su corazón y dejó todo bien claro
Jenni Rivera: la entrevista perdida. Lo nunca publicado
Jenni Rivera parecía tener un dilema entre lo que realmente era su sueño como mujer y sus alcances como artista.
Foto: fotos suminisradas

Nueva York — Aquella tarde del nueve de agosto de 2012 —justo cuatro meses antes de su muerte—, Jenni Rivera tenía un día bastante complicado.

Pero ella lucía un aspecto relajado. De gran serenidad. Muy contrario a lo que dictaba su ajetreada agenda de trabajo.

Desde un día antes, y ese día en sí, hubo varios cambios de horario y de lugar para el encuentro, hasta que, finalmente, ella decidió quedarse en casa de Encino y realizar ahí lo que fue la última entrevista ofrecida a La Opinión.

Jenni estaba en su entorno, rodeada de sus hijos y de una veintena de personas que acompañaban a su hija Chiquis, quien realizaba su propio show de televisión.

Estaba sin maquillaje, en pantalones deportivos y con su casual cachucha y evidenciaba, por mucho, que había perdido peso.

Durante la entrevista hablamos de varios temas, y los 15 minutos que me habían condicionado, se convirtieron en una hora de charla.

Como pocas veces, Jenni mencionó repetidamente a Dios y parecía mantener una paz espiritual que luego, quizá, se rompió un poco con el asunto de las causas de su divorcio con Esteban Loaiza.

“Vivo en paz”, dijo con firmeza. “Me siento plena, completa, realizada y, aunque hay muchas cosas que Jenni Rivera quiere lograr como artista, como mujer, como empresaria, productora, compositora y como diseñadora, si colgara los guantes ahora, igual estoy contenta con lo que he hecho y eso me da más tranquilidad”.

“Muchas respuestas de antes, mis reacciones, eran porque estaba intranquila, porque no sabía manejar el estrés o ciertas situaciones y ahora tengo mejor idea de cómo hacerlo. Me vale menos lo que digan”, comentó.

La entrevista se realizó en su oficina, una amplia habitación donde tenía las paredes cubiertas de fotografías y discos de oro por las ventas de discos.

Detrás de ella, un mueble donde tenía todos los trofeos recibidos en diversas premiaciones, pero añoraba uno: el Latin Grammy, que nunca tuvo oportunidad de recibir a pesar de haber estado nominada.

Durante la entrevista, Jenni hizo un comentario inusual. En ella lo era, porque siempre fue una mujer positiva, valentona y, aunque agradecida con Dios, veía todo de manera muy realista.

“No creas mija, si a veces me da miedo de todo esto”, dijo mientras levantaba los brazos como en señal de todo lo que había logrado.

“Soy muy bendecida. Es increíble, pero cada vez que me pasa algo malo se me devuelve con cosas muy grandes y maravillosas. Eso sí me da miedo, porque a veces pregunto: ‘¿tanto?, ¿tantas cosas buenas?, ¿cuándo me llegará el chi…?'”.

Jenni parecía tener un dilema entre lo que realmente era su sueño como mujer y sus alcances como artista.

“Muchas personas, entre más éxito tienen, más se pierden. Pero yo extraño cada vez más a mis hijos, a mis nietas… Quiero estar aquí, tener un horario que me permita preparar el desayuno en casa, llevar a mis hijos a la escuela y luego ir a trabajar, regresar en la tarde para venir hacer de comer. ¡Esa es mi vida ideal!, soy feliz con lo que he logrado”.

La otra parte, a quien debía su éxito, eran sus fans. Muy pocos artistas como ella, tenían una relación tan directa con ellos, gracias a las redes sociales.

“Mis fans y yo estamos tan enamorados, es un amor loco. Yo los quiero y me quieren, lo de ellos es un amor muy incondicional difícil de lograr”, dijo la Diva de la Banda.