La niebla de la reforma migratoria

Si los estadounidenses desean arreglar el sistema de inmigración, lo primero que deben hacer es disipar la niebla de mentiras, contradicciones y manipulaciones partidistas, que no permiten ver lo que realmente está sucediendo. Entonces comprenderán quién tiene, en verdad, la culpa de que no tengamos una reforma migratoria integral.

Los artífices de la Constitución dividieron el gobierno en tres ramas —y otorgaron a la rama ejecutiva el poder de imponer la ley, incluyendo la ley migratoria. Por lo tanto, el presidente Obama y su gobierno son responsables de dividir a todas esas familias y deportar a esa gente. Punto.

Aún así, no será fácil limpiar el aire porque los medios, los grupos de incidencia con sus propios intereses y la Casa Blanca operan máquinas de niebla.

La buena noticia es que, de vez en cuando, sopla una brisa fuerte y la niebla se levanta —aunque sea temporalmente.

Sucedió en septiembre, cuando siete inmigrantes indocumentados, trabajando con la National Day Laborer Organizing Network, fueron arrestados fuera de la Casa Blanca por protestar las políticas de inmigración del gobierno. Pablo Alvarado, director ejecutivo de la organización, emitió una declaración advirtiendo que al deportar a más de 1,100 personas por día.

Y ocurrió nuevamente hace sólo unas semanas, cuando el Presidente estaba visitando el Centro de Recreación Betty Ann Ong de San Francisco para hablar sobre la parálisis de la inmigración en el Congreso y echó enteramente la culpa a los republicanos. Ju Hong, un estudiante indocumentado de Corea del Sur que se graduó en Ciencias Políticas en la Universidad de California, en Berkeley, rogó a Obama que utilizara su poder ejecutivo para detener las deportaciones y la división de familias, lo que según Obama, no puede hacerse “sin que se aprueben leyes en el Congreso.”

Una cosa que Obama se las arregló para hacer sin el Congreso fue expulsar a un número récord de inmigrantes ilegales. Durante el primer período, la secretaria de Seguridad del Territorio, Janet Napolitano, marchaba al Capitolio y alardeaba ante comités del Congreso sobre la manera en que su departamento —con asombrosa eficiencia— estaba sacando del país a unos 400,000 inmigrantes ilegales por año.

Obama podría cambiar esa situación, pero escoge no hacerlo. También podría ampliar el alcance del programa conocido como Acción Diferida para los que Llegaron de Niños, que permite que jóvenes indocumentados permanezcan en Estados Unidos, otorgándoles un permiso de trabajo de dos años, pero nuevamente opta por no hacerlo.

En lugar de ello, el presidente ha tratado de evadirse de su gestión. Los demócratas controlan la mitad del Congreso y sin embargo, según Obama, los republicanos se merecen el 100% de la culpa por no brindar a los indocumentados un camino a la ciudadanía y protegerlos de ser deportados por, bueno, por Obama.

The Washington Post Writers Group