Mafalda pone orden en corte de El Bronx

La jueza Patricia Mafalda DiMango ha resuelto más de mil casos atrasados en ese foro en menos de un año
Mafalda pone orden en corte de El Bronx
La jueza Patricia Mafalda DiMango superó el objetivo para el cual fue nombrada: resolver 931 casos antiguos.
Foto: EDLP / Humberto Arellano

EL BRONX — A la jueza Patricia Mafalda DiMango la trajeron de la Corte Suprema de Brooklyn a la de El Bronx en enero para que resolviera 931 crímenes con más de dos años de antigüedad. En menos de un año, ha resuelto más de mil.

“El objetivo era resolver 931 casos, pero a medida que terminábamos los casos antiguos fui tomando otros”, dijo la jueza de 59 años, quien fue nombrada Juez Administrativa Adjunta por el juez jefe del estado, Jonathan Lippman, para que resolviera los históricos atrasos de una corte considerada disfuncional, donde la tasa de casos perdidos por la fiscalía es la más alta del estado.

Los procesos en El Bronx se eternizan hasta el punto que los testigos olvidan lo que vieron, o simplemente ya no quieren testificar. Estos casos superaban con creces los 217 de Manhattan, la segunda corte con más aplazamientos, y algunos llevaban hasta cinco años, como el de José Coimbre, condenado recientemente por el asesinato del boxeador Ronney “Venezuela” Vargas.

De acuerdo con el juez administrador de El Bronx, Douglas E. McKeon, hasta el 1º de noviembre, la juez había resuelto 1,004 casos: 744 de crímenes graves, 195 delitos menores, y enviado a juicio 165.

“Ha sido una tarea mucho más difícil de lo que yo pensaba”, afirmó Mafalda DiMango. “No es que no estén haciendo su trabajo, pero ¡tienen tantísimos casos! Todo el mundo está desbordado: los abogados, los fiscales, los jueces…”.

Aunque no realiza informes sobre sus colegas y cómo se llegó a esta situación, la jueza admitió: “Ciertamente puedo dar algunos consejos, pero eso depende de ellos. A veces la efectividad de un juez es su personalidad”.

Al igual que el personaje de cómic con el que comparte su segundo nombre, personalidad y seguridad no le faltan a la funcionaria, nacida y criada en Brookyn en una familia de origen italiano. Tras ser nombrada juez, en 1995, por el entonces alcalde Rudolph Giuliani, estuvo a cargo de dos casos emblemáticos para nuestra comunidad en ese condado: el asesinato de la niña Nixzmary Brown, en 2006, y el crimen de odio que acabó con la vida de José Sucuzhanay, en 2008.

DiMango, siempre impecablemente vestida y luciendo una larga melena rubia, es conocida por su hablar directo, ya sea con fiscales, abogados defensores, y hasta con los acusados y sus familiares, algo poco habitual en los jueces.

En enero, cuando el abogado de Coimbre pidió esperar de 4 a 7 semanas entre comparecencias, le denegó la petición: “¡El propósito de todo esto es no dejar que pasen otros cinco años!”, exclamó.

Y al acusado, ante la opción de juicio o acuerdo de culpabilidad, le miró a los ojos y le dijo: “Es tu vida, no la mía ni la de ellos (señalando a sus familiares en la sala), ¡piénsalo!”.

En los pasillos del tribunal, algunos funcionarios opinan, anónimamente, que cualquier otro juez hubiera logrado lo mismo si le hubieran dado las mismas condiciones: Vino acompañada por 10 jueces voluntarios de otras cortes estatales que se encargaron exclusivamente de los juicios en los que DiMango no logró acuerdo.

A finales de año se espera que la jueza, divorciada y sin hijos, retorne a la Corte Suprema de Brooklyn, donde por quince años se ganó la fama de eficiente que la mandó a poner orden en el “Condado de la Salsa”.

“Quería ayudar al sistema judicial”, expresó sobre el reto cumplido. “Todo el mundo ha cooperado y ésa es la razón por la que todo ha funcionado, por mucho que yo hiciera bien lo que hago. Todos (fiscales, jueces, abogados) cooperaron con el objetivo que era dar a la gente un juicio justo y rápido”.