Mejor representación para mexicanos

La designación de Ernesto De Lucas Hopkins para encabezar el Instituto de Mexicanos en el Exterior (IME) es bienvenida. En repetidas ocasiones hemos señalado la importancia que tiene este cargo para los inmigrantes, el cual parece estabilizándose a un año del nuevo gobierno.

La misión de De Lucas Hopkins es muy clara, es “apoyar los esfuerzos de las comunidades mexicanas fuera del país para elevar su nivel de vida, facilitar su inserción en las comunidades que residen y mantener vínculos cercanos con México”, según la declaración oficial que acompañó su nombramiento.

Era muy importante llenar la plaza que estaba vacante después de la brevísima gestión de Arnulfo Valdivia Machuca, quien ahora es embajador ante Colombia. Sin embargo, el nombramiento de De Lucas Hopkins, presenta numerosas dudas sobre la capacidad del designado para cumplir adecuadamente con su función.

Esto se debe principalmente a que De Lucas Hopkins tiene el dudoso de ser el primer funcionario en ser “renunciado” dentro del gobierno de Peña Nieto por su pobre desempeño al frente de ProMéxico.

En pocos meses el funcionario se destacó por querer promover las importaciones a México, cuando la labor de ProMéxico trabajo es exclusivamente promover exportaciones y la inversión extranjera. Se destacó también por sus elevadísimos gastos en las giras por el exterior y en México. El colmo del despilfarro fue su reportado esfuerzo para llevar a 100 priistas de Sonora a una reunión del PRI en el DF con dinero público.

La llegada de De Lucas Hopkins al IME da la apariencia de que el cargo mantendrá en carrera política a una joven figura partidaria que fracasó en su primer designación pero que su lealtad al PRI lo mantiene firme. Su ambiciones de avance políticas son muy claras.

Dicho todo esto, no hay motivo por el cual De Lucas Hopkins no pueda hacer una buena función frente al IME. Solo esperamos que lo haga con transparencia, centrándose en la misión que se le encomendó claramente de trabajar con los paisanos el extranjero. La ambición política no está necesariamente peleada con la buena gestión pública.