Carlos Vargas, el ángel de los hambrientos en NYC

Carlos Vargas, el ángel de los hambrientos en NYC
El residente de El Bronx, Carlos Vargas, ayuda a los desamparados en la Ciudad.
Foto: EDLP / Mariela Lombard

NUEVA YORK — Aparte de una vieja furgoneta y los pocos dólares que reúne entre un grupo de voluntarios, el mayor recurso con que cuenta el puertorriqueño Carlos Vargas (52) es su deseo de dar de comer a los desamparados.

Hace cinco años, el trabajador de la construcción le puso el letrero: “Feed the Homeless, Voluntarios en Acción” a su vehículo de trabajo, y con la ayuda de voluntarios de dos iglesias evangélicas preparó comida y salió una noche fría de diciembre a darle de comer a las personas sin techo.

Hoy día, debido a los pocos recursos con que cuenta, realiza la repartición sólo los lunes, de 8 p.m. a 5 a.m. A lo largo de una ruta que comienza en El Bronx y termina en el Bajo Manhattan, le alivia el hambre a más de 150 desamparados.

“Con lo que yo gano en mi trabajo de construcción (unos $500 a la semana), y con lo que reunimos entre los voluntarios, compramos comida y la repartimos”, dijo Vargas, quien además es capellán del estado de Nueva York. “Nosotros preparamos chocolate, arroz, carne, gandules, sopa, espaguetis, ensalada, etc.”, indicó.

La ruta comienza frente a un refugio de desamparados que duermen en sillas, en Hunts Point, donde más de 30 personas reciben sopa, pan y otros alimentos del equipo de Vargas.

“Nosotros conocemos a los desamparados e incluso sabemos qué es lo que comen y qué no”, dijo Vargas.

El capellán Edwin Vásquez (38), uno de los voluntarios, dijo que con la comida ellos dan un volante informativo que contiene direcciones de refugios de la ciudad y hospitales.

“No sólo es darles de comer, sino orientarlos para que puedan salir del desamparo”, dijo Vásquez. “Entre los desamparados hay personas con problemas mentales, pero también hay afectadas por la economía, incluso matrimonios con la esposa embarazada”, agregó.

Vargas llegó a Nueva York de su natal Yauco hace 25 años, y recordó que la primera vez que vio a una persona durmiendo en las calles, “sentí una punzada en el corazón y me puse a llorar”.

“Vi cuatro mexicanos durmiendo en la acera sobre cartones, compré una sábana y yo mismo fui y los arropé”, dijo Vargas. “Me impactó ver que en una ciudad tan rica hubiera tantas personas en necesidad”.

El altruismo de Vargas, según reveló, lo heredó de su madre, Hirma Madera, de quien decían que cocinaba para todo el barrio, “porque aparte de darle de comer a sus seis hijos ella le llevaba comida a gente necesitada”.

Un día, en su iglesia, Segunda Samaria de El Bronx, propusieron dar de comer a los hambrientos, y Vargas, que no había olvidado a los desamparados, convirtió esta idea en una misión personal.

“Del grupo de hermanos que empezamos sólo quedamos un joven llamado Junior y yo, y luego se unieron otros voluntarios de la iglesia Cristo en las Antillas, entre ellos Edwin Vásquez, Félix López, Cynthia Tice y su hermana Jackie”, dijo Vargas.

Vargas es divorciado, tiene tres hijos ya casados, de 23, 25 y 26 años, y una niña de 13.

Como capellán, visita cárceles y hospitales para orar por los presos y los enfermos.