David Sotelo: Los inmigrantes “no siempre somos malos”

La misión de este joven estudiante, que a los 12 años fue atrapado por la Patrulla de Fronteras y enviado a un refugio en Texas, es alentar a otros a dar lo mejor en EEUU
David Sotelo: Los inmigrantes “no siempre somos malos”
Con solo 17 años, David Sotelo ha enfrentado experiencias que muchos otros de su edad jamás enfrentarán.
Foto: AP / Travis Morisse

HUTCHINSON, Kan. — David Sotelo, estudiante de la secundaria Hutchinson High School, tiene la perspectiva de vida de alguien que ha vivido mucho más que sus 17 años.

Sus maestros lo describen como un líder y un estudiante que siempre busca la perfección. El joven aconseja a sus amigos que no se compliquen por “cosas sin importancia” y él trata de hacer lo mismo.

Los consejos vienen de alguien que ha superado obstáculos que sus compañeros probablemente nunca lleguen a enfrentar, señala The Hutchinson News. Este mes, Sotelo cumple cuatro años de estar viviendo en Hutchinson con su familia. Tuvo que salir de México tras recibir amenazas de los carteles de las drogas.

Ya pasaron más de cuatro años desde que la Patrulla de Fronteras lo apresó al tratar de ingresar ilegalmente a Estados Unidos con su familia.

A los 12 años se encontró solo en un refugio de Texas, separado de la abuela que lo había criado. “Viví con mi abuela desde niño. Mis padres eran demasiado jóvenes para criar un chico”, declaró Sotelo, quien dijo que sus padres lo dejaron y se vinieron a Estados Unidos.

En medio de las penurias económicas de México, la abuela lo crió a él y a dos primos cuya madre había muerto, agregó. “Me alegro de que mis padres me dejasen con ella, porque me dio probablemente la mejor educación… y los mejores valores”, expresó.

Sotelo dijo que su tía era una agente de la policía del estado de Chihuahua. “Los narcotraficantes querían que dejase de hacer su trabajo y ella se negaba, por lo que amenazaron a su familia”, relató.

La familia buscó formas de venir legalmente a Estados Unidos, “pero era un proceso muy largo y costoso, y no teníamos tiempo”, dijo el joven.

En diciembre del 2009 la familia decidió cruzar la frontera por Juárez usando identificaciones de otras personas, según Sotelo. Se aprendieron de memoria todos los datos.

Fue el último del grupo en cruzar y no pudo hacerlo. Un agente de la Patrulla de Fronteras notó que no se parecía al niño de la fotografía de la identificación y lo frenó. Las fotos de los demás tampoco eran parecidas, pero nadie dijo nada.

“Me detuvieron y no sabía qué hacer“, dijo Sotelo.

Fue a parar a un refugio de Texas junto con otros 50 menores que se encontraban en la misma situación. La abuela, mientras tanto, “casi se vuelve loca porque no me podía encontrar”, indicó. Le tomó tres días averiguar adónde había sido llevado.

En el refugio le dieron comida, vacunas y le ofrecieron un abogado. Evaluaron su comportamiento y empezaron a enseñarle inglés y otras materias. Había incluso partidos de fútbol entre equipos de chicos de distintos refugios, según recuerda.

Después de tres semanas, agregó, lo llamaron por teléfono para decirle que había familiares con los que se podía ir. “Me puse a llorar a gritos”, admitió. “Sentí que había esperanzas”.

Sus tíos José y Julie Gutiérrez, quienes viven en Hutchinson, le abrieron las puertas de su casa cuando se enteraron que estaba detenido en Texas.

“El proceso es más rápido si hay parientes que están legalmente en el país con los que te puedes ir a vivir”, declaró el chico, que se fue a vivir con sus tíos en enero de 2010.

Cuando el padre de Sotelo, quien vive en Wichita, le preguntó a José y Julie si podían hacerse cargo de David, “no lo pensamos dos veces”, expresó Julie, a quien Sotelo llama “mom”, o mamá.

Julie contó que al principio estaba nerviosa porque no conocía a Sotelo, pero la familia, incluidos sus propios hijos, le abrieron el corazón y las puertas de su casa. Julie dijo que tampoco pensó en los peligros que podía conllevar hacerse cargo del niño en vista de que la familia había sido amenazada por narcotraficantes.

“Lo único que le preocupaba era que estuviera a salvo“, indicó el menor.

Sotelo ingresó al séptimo grado de la Hutchinson USD 308 y se propuso aprender inglés en seis meses y escribirlo en ocho. Le tomó más tiempo, pero contó con la ayuda de un traductor.

“En México era el primero de la clase. Fue frustrante no saber lo que pasaba”, señaló.

El proceso para hacerse ciudadano de Estados Unidos requirió más tiempo y dinero. Hubo viajes a Wichita, un abogado que asesoró a sus tíos sobre cómo convertirse en sus custodios legales, huellas dactilares, interrogatorios acerca de dónde estaban sus padres y por qué él se encontraba en Kansas, y más papeleo.

Finalmente en marzo del año pasado completó el trámite de la ciudadanía. Su abuela se había vuelto a México seis meses después de venir a Estados Unidos porque su visa expiraba. Se mantuvieron en contacto, pero él trata de no hablar con ella sobre esos tres días de diciembre del 2009 en los que ella no supo dónde estaba.

Se pone a llorar y entonces yo empiezo a llorar”, cuenta.

El hecho de empezar de nuevo en un sitio nuevo donde tuvo que aprender un nuevo idioma no impidió que Sotelo buscase sobresalir.

Compite en cross country y pruebas de pista, y participa en un grupo juvenil de la iglesia Nuestra Señora de Guadalupe. Para el anuario de la escuela trabajó en entre 85 y 90 videos y los correspondientes códigos QR, lo que permite a los estudiantes escanear los códigos en sus teléfonos multiusos y ver videos de las distintas actividades escolares.

“Es el rey de los videos”, dijo Steve Williams, instructor de periodismo y comunicaciones en la escuela de Sotelo. “David es un perfeccionista, lo que es muy bueno porque se asegura de que todo se hace bien”.

Sotelo dice que le gustaría ser maestro porque le gusta trabajar con los jóvenes. También la interesan el periodismo y la política.

Afirmó que le gustaría cambiar la impresión que tienen los estadounidenses que piensan que el país no necesita de inmigrantes y quiere que la comunidad vea el impacto positivo que tienen los hispanos.

“Voy a hacer todo lo que pueda para demostrarles que no siempre somos malos“, expresó. “Quiero alentar a los otros chicos y demostrarles que podemos hacer cosas en nuestras comunidades”.