Fantasmas del Congreso

La existencia de un gobierno divido normalmente está vinculado con el dominio de un partido político en la Casa Blanca y el control del partido opositor en una o las dos cámaras del Congreso.

El presidente Barack Obama tuvo el apoyo de los representantes de su partido político durante los primeros dos años de su presidencia –los demócratas tenían mayoría en el Senado y la Cámara de Representantes— y tuvo pocos inconvenientes en traducir sus proyectos sociales y económicos en leyes irreversibles.

Sin embargo, una vez que los republicanos alcanzaron la mayoría en la Cámara Baja, la Administración Obama se caracterizó por constantes altercados políticos con su facción más conservadora. Las riñas no le permitieron gobernar, ni mucho menos crear políticas que sacaran al país del debacle económico.

A pesar de que nunca lo mencionó en su discurso del Estado de la Unión, el presidente Obama pidió implícitamente que los representantes del Congreso ahuyentaran a los fantasmas del gobierno dividido. Este es el “año de la acción”, manifestó en tono efusivo.

Uno de las primeras peticiones a sus colegas de gobierno, particularmente a los miembros del Partido Republicano, fue buscar alternativas reales que disminuyan la desigualdad económica que aflora en el país.

“Después de cuatro años de crecimiento económico, [y] ganancias buenas en el sector corporativo…la gente de la clase alta nunca ha estado mejor. Empero, el promedio de los salarios no se ha movido. La desigualdad se ha incrementado. La movilidad económica se ha paralizado”, subrayó.

En este sentido, el Presidente pidió a los dos partidos políticos que demuestren su solidaridad con las clases bajas y aumenten el salario mínimo. En los próximos días estaría firmando una orden ejecutiva que subiría el salario mínimo de $7.21 a $10.10 dólares por hora a empleados que trabajan para contratistas federales.

Por otra parte, el Presidente mencionó otros proyectos de gobierno, como aquellos programas de salud que mejoran el bienestar de la mujer, que unieron a republicanos y demócratas. Empero, fue la mención del sargento Cory Remsburg la que permitió una larga ovación y la que, por unos minutos, expulsó a los fantasmas de la desunión.

Hizo referencia de la cuestión migratoria, pero no fue la parte más importante de su discurso. Sugirió que deberíamos arreglar el “sistema migratorio roto” y que la Cámara Baja debería aprobar la reforma migratoria que fue aprobada por el Senado. La respuesta de la mayoría de los congresistas republicanos fue fría, lacónica e indiferente.

Al parecer, los espíritus malignos del gobierno dividido volvieron a aparecer en los recintos del Congreso. Entonces, es cuestión de la comunidad Latina y el electorado moderado de volver a movilizarse y ahuyentar a esos fantasmas para siempre.

Los electores latinos tienen que, desde ya, apoyar a los candidatos representantes del Congreso que favorecen una reforma migratoria integral que beneficie a más de 11 millones de indocumentados, incluyendo a estudiantes Dreamers que quieren realizar sus sueños académicos en este país. La movilización política es muy importante.