Sabores latinos se mezclan en Queens

La diversidad de nuestras comunidades se refleja también en la cocina
Sabores latinos se mezclan en Queens
Esteban Dorado, su especialidad son los pasteles, tortas y bizcochos para todos los gustos.
Foto: EDLPFOTOS: ZAIRA CORTES

Nueva York — La panadería uruguaya La Nueva Bakery es famosa por sus sándwiches de miga —también característicos de la gastronomía argentina— y sus tradicionales empanadas de pascualina rellenas de espinaca y queso. Pero la creciente comunidad sudamericana de Jackson Heights llevó al negocio de 22 años a probar suerte con productos de otros países.

Héctor Alves (62), propietario, apostó por las bebidas peruanas y el pan y los “antojitos” colombianos, pero sin dejar de lado los platos de su país.

“Tenemos clientes de todas partes del mundo, no es raro en este vecindario”, apuntó el uruguayo. “Los negocios ondean su bandera con orgullo, pero los productos y clientes son un mapamundi. Reina la diversidad”.

La fusión gastronómica de La Nueva Bakery es sólo un ejemplo de los muchos negocios multiculturales que reflejan la convivencia entre comunidades latinas en Queens.

Parte de esa variedad cultural se observa en las paredes del establecimiento de la calle 86 y la Avenida 37. Las camisetas de la selección uruguaya se exhiben a un lado de los panes de queso colombianos. Al extremo, una virgen de Guadalupe cubierta de rosas blancas destaca en los anaqueles.

“Sin importar la nacionalidad aprecio a mis clientes. Tenemos más similitudes que diferencias”, destacó Alves.

Marcelo Varela (39), connacional de Alves y gerente del restaurante El Chivito de Oro, comentó que es inevitable la influencia de la diversidad gastronómica de Jackson Heights en la comida uruguaya. “Las especias y condimentos de los países latinoamericanos son muy similares”, dijo. La convivencia con otros inmigrantes es la raíz de esta explosión multicultural en negocios del área”.

El peruano Juan Negroni (56), un cliente del lugar, comentó que acude al sitio por los sándwich tradicionales uruguayos, como el “matahambre” (con bistec y huevo) o el de “mollejas”.

“Crecí y viví en el Perú hasta los 45, ya tuve suficiente de aguadito de pescado y ceviche. Nueva York es un mundo en comida. Quiero probar de todo”.

A pocas calles de allí, Tacos al Suadero, en las inmediaciones de la calle 87 y la Avenida Roosevelt, es conocido por su lechón enchilado con guajillo (condimento popular en la cocina mexicana), pero también busca atraer clientes variados ofreciendo fritada ecuatoriana y pernil puertorriqueño.

“A los latinos nos une el gusto por la buena comida. Nos identificamos en la cocina”, resaltó el mexicano Amado Herreros (47), cocinero de la taquería desde hace 15 años. “Qué importa si lo llamamos chancho, pernil o cuche. De lo que se trata es de disfrutar hasta chuparse los dedos”.

La fritada se guisa con ajo, cebolla y cerveza; una receta parecida a las carnitas mexicanas. En cuanto al pernil, Herreros asegura: “Así como un boricua puede ser un maestro en tacos, un mexicano puede tener el estilo ideal para el pernil. Conocernos es unirnos”.

El mexicano Esteban Dorado, propietario de la pastelería Capy en 10223 de la Avenida Roosevelt, en Corona, no sólo se adapta a la cultura de sus clientes, también a la jerga.

“El refrán de al cliente lo que pida no puede ser más cierto en Nueva York, tanto que vendemos pasteles (México), bizcochos (República Dominicana) y tortas (Sudamérica)”, dijo Dorado. “Son diferentes nombres para un mismo producto, pero respetar y entender la jerga hace la diferencia”.

Probar del plato del amigo es abrazar su bandera. Así describe el mexicano Ángel Batista (31), un residente de Long Island, su aprecio por el cuy asado, un plato tradicional de Perú y Ecuador.

“Mis amigos ecuatorianos me invitaron a su mesa, ahí probé el cuy y me gustó mucho. Gracias a la comida nos hicimos familia”, comentó. “Siento amor por Ecuador, me siento parte de ese país”.

Batista viaja con frecuencia desde Long Island a Corona, Queens, para comprar cuy. La libra cuesta unos $12 en los negocios locales. Comerciantes comentan que en el área son comunes los matrimonios entre mexicanos y ecuatorianos, lo que explica que muchos de sus clientes tengan sangre azteca.