Venezolanos se toman Caracas

Marchas y contramarchas protestan en las principales avenidas de la capital
Venezolanos se toman Caracas
Manifestantes opositores al Gobierno del presidente Nicolás Maduro participan en una concentración en El Rosal.
Foto: EFE

Caracas — La oposición democrática volvió ayer a derrotar al chavismo en un territorio, la calle, que hasta hace un año era de su propiedad. Miles y miles de personas se desplegaron en 16 estados de Venezuela para protestar contra el gobierno de Nicolás Maduro, la represión violenta de las manifestaciones, el encarcelamiento de los alcaldes y una lista de quejas que no deja de crecer.

El chavismo intentó neutralizar el efecto con su contramarcha habitual, apoyada por su hegemonía comunicacional, pero no lo consiguió. Como si se tratase de un atleta tramposo que necesita de esteroides constantes y de sus propias transfusiones de gente. Y todo ellos pese a los llamados de Maduro: “No es tiempo de indiferencia. Hay que marchar para demostrar dónde está la fuerza, pero hay que marchar y vencer siempre… Hay que marchar, pero no es suficiente. Hay que tocar la puerta del chavista y animarlo. Tocar la puerta del que esté confundido”.

Sus seguidores, los no confundidos, volvieron a citarse en el Palacio de Miraflores empujados por el aparato gubernamental. “La marcha de Maduro tiene todos los contratados de Jacqueline Farías (jefa de gobierno de facto de Caracas, nombrada a dedo por Chávez) y ante poca concurrencia llamaron a colectivos pacíficos”, desveló Nelson Bocaranda, el periodista que desentrañó los misterios del cáncer de Chávez.

El pulso de la calle, una vez más del lado opositor, que ha restañado (de momento) la unidad entre radicales y moderados gracias a la represión ordenada por Miraflores. “El gobierno no puede seguir pretendiendo avanzar en el atropello al país. Espero que el resultado de las protestas sea ese gran movimiento social que tenga la fuerza para plantarse al gobierno”, clamó Henrique Capriles desde la cabecera de una de las cinco marchas opositoras de Caracas.

En otra, la que acabó en El Rosal, surgió la sorpresa. Carlos Vecchio, mano derecha de Leopoldo López en Voluntad Popular, reapareció tras varias semanas en la clandestinidad. “Venezuela vive uno de los momentos más difíciles de su historia. La lucha no es pueblo contra pueblo, es contra la corrupción del poder”, destacó el perseguido político, sobre el que pesa una orden de detención. Junto a él, respaldándole, Lilian Tintori, mujer de López, y el alcalde mayor de la capital, Antonio Ledezma.

Transcurridos 45 días del inicio de las protestas fue precisamente San Cristóbal, la ciudad rebelde, la que registró la última víctima. Wilfredo Rey, chófer de autobús de 31 años, recibió un disparo en la cabeza, firmado una vez más por las brigadas de choque del chavismo. Rey se encontraba de madrugada en una de las barricadas cuando fue emboscado por los pistoleros. “El crimen no puede quedar impune, el gobierno debe someter a la ley a quienes disparan de noche en la calle”, protestó el exgobernador César Pérez.

Con el asesinato de Rey son siete los opositores caídos por los balazos certeros de los paramilitares. Ninguno ha sido detenido hasta el momento.

La penúltima víctima es otro estudiante, Argenis Hernández, de 26 años, quien recibió un balazo en el estómago mientras protestaba en una barricada en San Diego (Carabobo). Un motorizado intentó pasar por encima de los escombros y al recibir el alto de los manifestantes, disparó con Hernández.

Precisamente los dos asesinatos tuvieron lugar en San Cristóbal y San Diego, cuyos alcaldes fueron encarcelados el pasado miércoles. Daniel Ceballos, primer edil de la capital del Táchira, será trasladado a su estado, donde ya no sólo le acusan de rebelión, sino también le quieren condenar de forma inmediata por desacato. El mismo delito por el que Enzo Scarano, alcalde de San Diego, fue condenado por el Tribunal Superior de Justicia de forma exprés, algo jamás visto en la Venezuela de la revolución.

Los dos municipios han sufrido protestas y disturbios en los últimos días. Incluso San Cristóbal acaparó parte de los incidentes durante las marchas, cuando la Guardia Nacional lanzó lacrimógenas y disparó perdigones a la multitud en las inmediaciones del Consejo Legislativo.