Sabio busca que minorías programen y ganen mejor

Dos de sus alumnos ya encontraron un trabajo que paga más de $60,000 anuales

Gregorio Rojas y su esposa Liliana Monge, fundadores of Sabio.la, están enseñando  a minorías el campo de la programación.
Gregorio Rojas y su esposa Liliana Monge, fundadores of Sabio.la, están enseñando a minorías el campo de la programación.
Foto: La Opinión - / Aurelia Ventura

Nueva York— Gregorio Rojas admite que solo a los 21 años, mientras acababa sus estudios universitarios y se preparaba para ejercer medicina deportiva, empezó a mirar correos electrónicos y usar el corrector de textos en la computadora.

Esa era toda su relación con esta tecnología. Pero aquello cambió radicalmente.

Desencantado con sus perspectivas salariales, este colombiano que llegó a EE.UU. cuando tenía cuatro años, compró un computador -“con la ayuda de mi padre”, recuerda- y empezó su proceso de aprendizaje de desarrollo de software.

Ahora, tras 14 años de experiencia en este campo en el que los salarios son competitivos, quiere que otras personas tengan la oportunidad de hacer la misma transición.

Para ello ha puesto en marcha en Los Ángeles, junto con su esposa, Liliana Monge, una empresa de formación: Sabio.

Con ella no solo trata de enseñar una profesión de futuro de forma rápida sino también contribuir a cambiar algo que lamentaba profundamente, la más que evidente falta de diversidad en el sector tecnológico.

El objetivo de Sabio es formar a mujeres y minorías, dos grupos que están muy infrarrepresentados en una profesión que ofrece muy buenas condiciones laborales.

Así, hace un año y medio, y con la firme idea de que “cualquiera puede hacer este trabajo”, comenzaron a trabajar para poner en marcha Sabio y enseñar desarrollo de software en 20 fines de semanas a grupos pequeños.

El primer grupo terminó su preparación el pasado 15 de febrero. Son cuatro personas, dos mujeres y dos hombres. Dos de ellos ya han encontrado un trabajo que paga más de $60,000 anuales y los otros dos están haciendo entrevistas en un sector en el que la tasa desempleo es menor del 4%.

“Los grupos son pequeños porque esto es un aprendizaje muy intenso”, explica Rojas poco después de rechazar que para ponerse manos a la obra en programación sea necesaria una formación previa. “Esto no es ciencia de computación sino programación. Yo lo hice y no hay ninguna razón para pensar que nuestra gente no pueda hacerlo”.

“Nosotros solo buscamos que quien haga este programa tenga compromiso con la formación, el trabajo es duro y lo único que nos importa es la actitud con respecto al tipo de trabajo”, dice Rojas.

A los estudiantes no solo se les enseña a programar sino a trabajar en grupo y se les ofrece cinco años de formación para actualización y apoyo, sobre todo al hacer las siempre complicadas entrevistas de trabajo. Además, se enseña cómo trabajar para un negocio. El proyecto del primer grupo consistió en hacer una aplicación gratis para una organización sin ánimo de lucro.

Sabio ofreció la formación a este grupo a cambio de un pago diferido de los $10,000 dólares que cuesta el curso. Es decir, cuando los estudiantes empiezan a trabajar pagan el costo de su formación.

Es algo que a Rojas le gustaría mantener pero no cree que pueda hacerlo si no tienen inversionistas que les ayuden. De momento, Sabio supone un fuerte esfuerzo personal tanto para él como para su esposa que siguen manteniendo su empleo a tiempo completo. Y es que, como a la mayoría de las start ups el dinero de fuera aún no ha llegado. “Estamos hablando con posibles socios financieros para que den préstamos a los estudiantes“.

Rojas lamenta que para los próximos cursos no puedan ofrecer este tipo de pago diferido pero es su objetivo recuperarlo.

Como empresario, su otra meta es que Sabio acelere sus primeros pasos y crezca rápido. Por un lado quiere que la gente sepa que el de programador es un oficio con futuro, que hay trabajos y “que no somos gente extravagante o con un perfil definido”, explica.

Por otro lado, le gustaría contratar instructores (ahora las clases las da él) y crear una imagen de marca para atraer a la ciudad “o compañías grandes que dicen que quieren ayudar a resolver el problema de la falta de diversidad en el sector tecnológico”. Las puertas de Sabio están abiertas para estudiantes y quienes quieran ayudar con Rojas y Monge a acabar con la asignatura pendiente de la falta de diversidad en el mundo de la tecnología.