Un filme sobre Chávez incompleto

Hay entusiasmo en la comunidad latina, especialmente entre los mexicano-americanos del sudoeste. Una de sus íconos más amados aparecerá, finalmente, en la pantalla.

Más de 20 años después de su muerte, Hollywood por fin ha descubierto a César Chávez. No deberían haber tardado tanto, en una industria llena de liberales, que opera en una ciudad —Los Ángeles— cuya población es ahora casi un 50% latina. Pero hay una diferencia entre no comprar lechuga para apoyar a los campesinos en los años 70 y estar dispuesto a proporcionar el dinero para financiar un film sobre la premisa de que la gente irá a verlo.

La vida y leyenda de César Chávez se verá en las pantallas de cine de todo el país desde hoy, cuando se estrene en toda la nación “César Chávez: An American Hero”. Michael Peña interpreta al líder de los Campesinos Unidos de América (UFW, por sus siglas en inglés).

En las últimas semanas ha habido, en ciudades selectas, sólo preestrenos con asistencia por invitación, que actúan también como recaudación de fondos para la Fundación UFW. Hubo una sesión especial para el Consejo Hispano del Congreso y otra, en la Casa Blanca.

Conozco esta historia bien —a veces, pienso, demasiado bien. He escrito sobre Chávez y su sindicato durante más de un cuarto de siglo. En una ocasión tuve un enfrentamiento con el mismo Chávez, y otro con la co-fundadora de la UFW, Dolores Huerta. He visto lo bueno, lo malo, y lo indefendible.

Lo bueno: Chávez y el sindicato ayudaron a llevar la dignidad a los campos, y ésta llegó en la forma de retretes, agua limpia, negociaciones colectivas, tiempo para el almuerzo y la eliminación del “cortito”. Esa hoz de mango corto, instrumento medieval y agobiante, que en una época era omnipresente en el agotador mundo del campesino, fue finalmente proscripto por el estado de California en 1975.

Lo malo: En los años 80, Chávez comenzó a creer sus propios recortes de periódicos, se volvió paranoico y desconfiado de sus aliados, y se alejó de los mismos campesinos que decía representar. En lugar de organizarlos, se distrajo con el llamado a los boicots de las uvas. Un movimiento que se inició con la intención de ayudar a los campesinos terminó simplemente perjudicando a los agricultores.

Lo indefendible: Chávez, sus compinches y el mismo sindicato fueron esencialmente sustitutos de los Servicios de Inmigración y Naturalización (INS, por sus siglas en inglés). Más preocupados en mantener su palanca que en proteger los derechos humanos, Chávez y Cia. llamaban al INS para exigir que viniera a arrestar a los inmigrantes ilegales que cruzaban los piquetes. Los individuos a quienes los sindicalistas llamaban con sorna “rompehuelgas” eran en realidad gente ansiosa por trabajar para alimentar a sus familias.

La historia real de Chávez y la UFW está llena de matices y contradicciones. A juzgar por la cola, las primeras críticas y las versiones de los medios, el lado oscuro de Chávez y la UFW ha quedado excluido del filme.

Ése es uno de los motivos por el que espero salir del teatro decepcionado y frustrado. Es probable que el retrato de Chávez en el film se acerque más al de un santo que a la realidad —y que sea más unidimensional. Qué lástima. La historia se hubiera enriquecido mostrando de qué manera Chávez les falló a los mismos campesinos, que mucha gente cree que debía representar.

Pero también espero sentirme orgulloso de que finalmente se cuente esa historia, aunque sea incompleta.