Enseñando a los médicos del mañana

A los 23 años dejó Colombia y a su familia para estudiar en Estados Unidos. Aquí se casó, tuvo un hijo y retomó sus estudios. El Newark Beth Israel Medical Center le abrió sus puertas hace más de una década y allí completó los cuatro años de residencia. Hoy ejerce en dos áreas de la clínica, en la privada y en la que atiende a la pacientes con pocos o ningún recurso. Además es directora de rotación de obstetricia y ginecología para St. George University, New Jersey University y New York University.

Se define como “soñadora” y Tatiana Ambarus parece haber alcanzado buena parte de sus sueños en Estados Unidos. Quería estudiar, y completó su formación médica. Quería dar lo mejor y servir a la comunidad; lo hace en la clínica donde trabaja, prestando atención médica tanto a gente con recursos como a los que no tienen. “Mis pacientes son todas mujeres y la comunidad es afroamericana y latina, inmigrantes”, explica.

También encontró el amor y formó su propia familia, que es donde reside su balance. “Mi marido ha sido como una roca para poder edificarme”, subraya al hablar de la ayuda y el apoyo que le ha brindado desde que se conocieron. “El me enseñó el idioma”, recuerda. Uno de los obstáculos con los que se topó al llegar al país hace 17 años.

Su viaje desde Valledapur (Colombia) no fue fácil —como ella esperaba—. “Me costó mucho dejar a mis papas”, relata mientras sus ojos se enjugan de lágrimas. Su marido, dice, le encarriló para alcanzar sus sueños. Después de casarse, estudio para obtener las licencias, tuvo su bebe —hoy ya un niño de 12 años, estudioso y bueno—, y retomó sus estudios. Ambarus completó su residencia y siguió trabajando en el hospital. “Me han dado la oportunidad de ser, de crecer como profesional sin afectarme en mi hogar”, destaca.

Aquí ve cumplido su objetivo de dar lo mejor de sí misma y ayudar. “Enseño a la gente a ser mejor y siento un gran honor por poder hacerlo”, apunta pensando en los estudiantes de 2º y 3º que ha conocido y que completaron su residencia. Como directora de la rotación de obstetricia y ginecología les enseña una parte didáctica y también cómo operar.

Exigente consigo misma, la doctora Ambrus lo es también con los demás. “Me gusta la perfección. Siempre pienso que si voy a hacer algo, tengo que dar lo mejor”, explica al hablar de sus defectos. Sin embargo, esto podría ser visto como una virtud tratándose de enseñar médicos.

Entre sus hobbies, la doctora destaca tocar la guitarra, leer y pasar tiempo con su familia y su perro. “Estamos muy unidos”, señala al referirse a su marido y sus suegros, que han sido como “unos papas para mí”, y su hijo.