Maduro se aferra a las teorías conspirativas en Venezuela

En once meses de gobierno, el presidente venezolano denunció más de 30 intentos de magnicidio y golpes de Estado
Maduro se aferra a las teorías conspirativas en Venezuela
La obsesión del presidente venezolano, Nicolás Maduro, con los complots también suelen ser criticadas por los propios funcionarios del gobierno, fuera del radar público.
Foto: EFE

Caracas – La revolución bolivariana conserva una cualidad que la sitúa casi siempre en el centro de la batalla informativa: la sorpresa. “El diario El Aragüeño envía mensajes cifrados vinculados a la conspiración y a la violencia en sus crucigramas. Hemos solicitado una investigación”, advirtió, esta semana, Delcy Rodríguez, ministra de Comunicación, en el último golpe de intriga política del chavismo.

Todo como si se tratase de una vieja novela de John Le Carré, en una época en la que James Bond parece superado por las nuevas tecnologías. Y además en un país donde cada día es más difícil encontrar un crucigrama en los periódicos, que sufren la asfixia de la falta de papel provocada por el Gobierno.

La mayoría de la oposición reaccionó en bloque ante la ocurrencia bolivariana. Pero la sorpresa vino de las propias filas chavistas: “Es una ridiculez… Debería ocuparse [la ministra] más bien de otros asuntos de los cuales está haciendo falta ocuparse. Lo del crucigrama es una banalidad, una ligereza”, escribió Néstor Francia en la web radical Aporrea, defensora a ultranza del oficialismo.

“Sandeces”, resumió el articulista, antes de armar una frase con palabras extraídas del crucigrama aparecido en otro periódico, para demostrar lo inconsistente de la acusación: “La avanzada de la crisis se extenderá con la intervención de la OTAN. Basta de lentitud, basta de creer en tipos como Evo Morales…Tumbemos la moral del chavismo usando este diario”. Francia también ironizó hace dos años con otro crucigrama “sospechoso”, en el que se habrían encontrado órdenes para matar a un hermano de Chávez.

En una sola semana, el presidente Nicolás Maduro denunció incendios forestales provocados por la oposición para crear caos eléctrico, el envenenamiento de las aguas de Mérida y un intento de golpe de Estado, protagonizado por tres generales levantiscos sin mando en tropa. Las obsesiones del Presidente con los complots también suelen ser criticadas por los propios funcionarios del gobierno, fuera del radar público. Sin embargo, ellos tratan de excusarlas con el argumento de que la revolución justifica todo.

“Es una táctica política” basada en “revelaciones fantasiosas”, editorializó Teodoro Petkoff, director del diario opositor Tal Cual. “¿Cómo es eso de que Maduro se la pasa denunciando conspiraciones sin que hasta ahora haya sido presentado el primer preso de esas confabulaciones… Una de dos: o no hay conspiraciones ni conspiradores o los servicios policiales del oficialismo son tan torpes que no dan ni con aquéllas ni con éstos.”

Y cuando sí hay detenidos, se levanta una buena polvareda. Pasaron cinco días desde que el líder bolivariano informara a los cancilleres de la Unasur del intento de golpe, desestimado por la oposición. Según periodistas locales, en el ejército no gustó la noticia, ya que se considera que los tres encarcelados únicamente disentían. El alto mando se reunió con capitanes y tenientes en la Academia Militar, donde algunos uniformados habrían mostrado su malestar, de ahí que el Gobierno bajase el volumen de su denuncia.

Transcurrido un año, nada se sabe tampoco de la investigación con los científicos más prestigiosos del mundo que habría ordenado el presidente tras la muerte, por cáncer, del líder de la revolución. “Nadie me quita de aquí dentro que al comandante le inocularon esa enfermedad para sacarlo del paso y que llegara el escenario de destrucción de Venezuela“, aseguró tajante a mediados de 2013.

En 11 meses de mandato, el chavismo aireó, básicamente sin pruebas, una treintena de intentos de magnicidio, asesinatos o golpes de Estado. Complots con veneno incluido: “Llegó un grupo de expertos con un veneno y están preparados para venir a Venezuela a inoculármelo a mí”, denunció Maduro hace unos meses. Nada más se supo de una trama que parecía extraída de la Roma clásica.

El chavismo denomina “artillería del pensamiento” su plan de hegemonía propagandística, que no tiene límites conocidos. Durante la crisis actual de protestas, Diosdado Cabello presentó, el año pasado, fotografías de un “mercenario” armado hasta los dientes, quien tendría la misión de acabar con la vida del hijo de Chávez y, al no conseguirlo, fue eliminado por sus compañeros. La realidad fue mucho más cruel: el ingeniero Alejandro Márquez, golpeado brutalmente por la Guardia Nacional, era aficionado al airsoft (deporte de simulación militar) y no un asesino a sueldo.

Venezuela ya aparece en los guiones de la serie Homeland, con talibanes, infiltrados y contrainteligencia. Pero si Le Carré se animara a recrear las tramas surrealistas de la revolución bolivariana, de seguro apostaría por contar cómo la banda colombiana de Gancho Mosco recibió $10,600 por matar a Maduro. Así al menos lo explicó el ministro y general Rodríguez Torres. De regreso a su país, se supo que los paramilitares fueron contratados para un sicariato contra una comerciante local.

Si el autor británico buscase un best seller para cerrar su carrera a lo grande, podría recopilar las denuncias de José Vicente Rangel, asesor de cabecera de Maduro. Coordenadas incluidas: P 11 grados, 25 minutos, 31 segundos. Allí, en una base estadounidense escondida en Colombia, estarían los 18 aviones de guerra comprados por la oposición para derrocar al chavismo.

“No nos quedaremos esperando a tener el cuerpo sin vida del Presidente para poder decir que sí había un plan para matarlo”, le gusta repetir a Cabello, a quien también le recomendaron que no vistiera de rojo, “por ser así un blanco fácilmente identificable”. El rojo es el uniforme del oficialismo, tanto de sus simpatizantes como de sus empleados públicos. Los hay por miles todos los días en las calles de Venezuela.