La salsa sobrevive a desplazamientos en avenida Puerto Rico

Los dueños de San Germán Records reconocen que el fenómeno de la gentrificación y el uso de nuevas tecnologías afectan sus ventas

La salsa sobrevive a desplazamientos en avenida Puerto Rico
Radamés Millán, de San Germán Records, aseguró que ya no se producen hits de salsa como los de antes.
Foto: EDLP / Joaquín Botero

BROOKLYN — Radamés Millán (70) le entregó el negocio a su hijo Jesse hace diecisiete años, pero sigue abriendo y cerrando San Germán Records toda la semana. Ubicado en la calle Moore, a media cuadra de avenida Graham o de Puerto Rico, en Los Sures de Brooklyn, San Germán vende discos, instrumentos, camisetas, llaveros y gran variedad de souvenires que revelan las raíces de su fundador, que lleva casi cincuenta años divulgando la cultura popular boricua.

El paso de tiempo, los cambios en la industria musical, en los gustos y hasta la gentrificación han obligado a cambiar los estantes del negocio, más no su esencia. “Antes podíamos tocar la música de puertas para afuera, pero ahora los blancos de la calle llaman a la Policía. Antes este barrio era un 90 % boricua, ahora nos han sacado poco a poco”, se queja Millán.

Desde hace 17 años, Millán organiza el desfile de los Tres Reyes, el cual es muy celebrado en la comunidad. “Pero también los recién llegados vienen y se quejan de maltrato de animales porque traemos camellos. No respetan nuestra cultura ni nuestras tradiciones”, dice.

En los años ochenta, agrega, no hubiera tenido tiempo de hablar con la prensa. Había filas para pagar y música para ordenar. No sólo salsa, que tuvo su auge en aquella década, también boleros, música jíbara, rancheras y baladas románticas. Hoy asegura que la suya es una de las cinco tiendas especializadas del género que sobreviven en la ciudad donde se inició la salsa. Las demás, asegura, están en El Barrio (dos), una en El Bronx, y otra en Manhattan.

“El boricua compra música, para nosotros es primordial. Pero ahora la gente no oye salsa, los salseros se envejecieron y no producen, y la gente encuentra todo en el computador”, se lamenta Millán. “Ya no se producen hits como los de antes. Ese disco de Marc Anthony, ‘Vivir la vida’, me parece infantil”.

Su hijo Jesse (39) analiza el asunto con más optimismo. “Salsa se sigue haciendo, pero por productores independientes”, sostiene. “Nuestros clientes tienen más de treinta o cuarenta años, gente que todavía le gusta tener el disco físico”.

En San Germán Records se encuentran discos compactos y también los casetes en vía de extinción. Hay desde congas, bongoes, guitarras y maracas, hasta bolsos, gorras de béisbol y todo tipo de artesanías que en gran parte los Millán adquieren en Puerto Rico. Algunos clientes las llevan de regalo a otras partes del país a donde se han mudado otros boricuas, a veces emparentados con gente de otras culturas, pero les alegra tener un recuerdo. Sin duda, su agosto es en junio, cuando se celebra el Desfile Nacional Puertorriqueño y las ventas se disparan.

“Pero la base de nuestro negocio sigue siendo la música”, según el dueño.

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