A los pacientes hay que darles esperanza

A los pacientes  hay que darles esperanza
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Foto: authors

La muerte de su padre de un ataque al corazón, cuando tenía nueve años, le marcó tanto que decidió estudiar cardiología. Entre préstamos, becas y trabajos, pago los estudios de medicina en Miami. Lleva más de tres décadas cuidando y previniendo dolencias cardiacas. En 2011 se mudó a Nueva York, a la llamada del doctor Mario García, para seguir tratando de mejorar el cuidado de los pacientes con insuficiencias cardiacas.

Los viernes, modelar; los sábados, cantar en bodas; y el resto de la semana, dar clases en casa a niños que estaban atrasados en los estudios y sacar sangre como técnica de laboratorio. Estos son algunos de los trabajos que la Ileana Piña hizo para pagarse sus estudios en la Universidad de Miami.

“Deje de modelar cuando entre en la escuela de medicina porque pensé que si seguía no me tomarían en serio”, explica.

De origen cubano, llegó con sus familia a Miami a la edad de seis años. Cuando contaba nueve, un ataque al corazón acabó con la vida de su padre a la temprana edad de 42 años.

“”Mi madre y yo no teníamos nada”, recuerda al repasar los oficios y el tiempo que vivió con sus tías cuando su mama murió. Con esfuerzo y sacrificio, cursó sus cuatro años de universidad, otros cuatro en la escuela de medicina, tres de residencia, dos de felowship y “hace poco hice otro master en salud pública”.

Todo este aprendizaje de la doctora Piña está enfocado a las enfermedades del corazón, a prevenir insuficiencias cardiacas en los pacientes y a tratarlas.

“Siempre hay que dar esperanza a los pacientes porque algunos tienen probabilidad de mejorarse con las medicinas correctas. Y si se cuidan pueden tener una vida con calidad”.

Su trabajo lo comparte entre el centro Montefiore-Einstein y sus charlas por el mundo -acaba de regresar de Berlín, donde habló en una conferencia sobre las mujeres y los ataques al corazón, y próximamente viaja a Brasil.

“Tengo poco tiempo para mi”, explica Piña, a quien le gusta cocinar, comer en restaurantes y probar vinos, los museos y el arte. Todos estos intereses y aficiones quedan eclipsados por su pasión, “mi hija, que está estudiando veterinaria en Ohio. La veo siempre que puedo”, señala.

Su otra pasión son los pacientes y hacer lo correcto con ellos. De respuesta concisa y certera, asegura que ella les explica los riesgos de no cuidar su salud para prevenir insuficiencias cardiacas “con palabras sencillas, sin complicaciones”.