La ‘Maravilla’ de perseverar

La ‘Maravilla’ de perseverar
El campeón de boxeo Sergio ´Maravilla' Martínez junto a Juan Pablo Cadaveira, el cineasta que lo siguió durante largos años para rodar el documental ´Maravilla', un luchador que acaba de estrenarse en el Tribeca Film Festival.
Foto: cortesía

Juan Pablo Cadaveira dijo que sí. No le interesaba ni un poco el boxeo y no sabia quién era Sergio ‘Maravilla’ Martínez; menos que menos el ucraniano contra el que iba a enfrentarse. Pero lo había invitado un buen amigo argentino y esa noche no tenía mejor plan. Así que salió de su apartamento en Bed Stuy rumbo al lugar de la contienda, el Foxwoods Casino, ubicado en medio de una reserva india, en Connecticut. “Maravilla le ganó por nocaut a Dzinziruk pero lo que me cautivó no fue la pelea, sino él, su persona que es magnética y cuando volví a mi apartamento en Brooklyn me puse a ‘googlearlo’.

Juan Pablo, 41, es delgado, de brazos lánguidos y físicamente casi en las antípodas con el Campeón Mundial de Peso Mediano pero allí, en su ordenador, llamaron su atención más las similitudes que las diferencias: “Leí muchas entrevistas y me enteré, por ejemplo, que se había consagrado campeón a una edad tardía, bien pasados los 30; que había dejado la Argentina, igual que yo, en el 2001 después de la debacle económica que sumergió a nuestro país en una de las peores crisis de su historia y que siempre fue una especie de underdog; teniéndolo absolutamente todo: talento, carisma y empuje llegaba hasta las puertas del cielo pero nunca podía entrar”.

De formación mezclada, un poco cineasta, un poco periodista y con ojo para reconocer una buena historia, Juan Pablo viajó en 2011 hasta Oxnard, California, donde Maravilla estaba por esos días entrenando y se le acercó: ” ‘Quiero hacer una película sobre vos'”, le dije. ¿Dónde va a salir eso?, me pregunto él. Yo tengo la mira puesta en el cine, le respondi. Me gustaria tener una gran productora detrás pero no te voy a mentir, no la tengo, soy yo y voy a dar mi máximo. Hagámoslo, me dijo él”.

Casi tres años más tarde y después de haber recorrido Argentina, España, México y Estados Unidos, los países donde siguió a Maravilla y donde transcurre el documental, ‘Maravilla, un Luchador’, acaba de estrenarse en el Tribeca Film Festival y Juan Pablo está cosechando los frutos de un árduo esfuerzo. “No tuve demasiados fondos y es un proyecto muy personal que filmé con un equipo muy reducido para poder lograr intimidad; meternos en su casa, con su familia; verlo sufrir cuando le hacen un masaje y le duele todo”.

La pelicula muestra a Maravilla en la más absoluta de las glorias –cuando en 2012 vence al mexicano Julio César Chávez Jr. –hasta entonces invicto- y le arrebata el título de peso medio del Consejo Mundial de Boxeo pero hace hincapié en el trayecto hasta ese triunfo y en todos los ‘reveses’ que tuvo que enfrentar el boxeador arriba y abajo del cuadrilátero.

“Cuando dejó el país”, cuenta Juan Pablo, “no tenía ni para el boleto de autobús del gimnasio a su casa a pesar de ya haber probado que era buenísimo. En España, donde vive, fue inmigrante illegal y en Madrid tuvo que trabajar hasta de bouncer en discotecas para poder abrirse camino”.

En el vestÍbulo de un cine donde acaba de mostrar el film, Juan Pablo, ve salir a su público entre el que hay, soprendentemente, muchas mujeres. “Les encanta porque no es una película de puños y guantes. Cuenta la historia de un personaje con el que nos identificamos todos. Todos tenemos nuestra propia lucha, nuestro propio ring. En nuestra vida diaria, somos todos un poco boxeadores”.

Hasta recientemente, Maravilla nunca fue muy reconocido entre los suyos, en Argentina, y eso siempre le ocasionó dolor. La pieza muestra esa herida invisible que sólo sangra por dentro cada vez que este boxeador, al que han comparado con Mohamed Alí, buscaba en vano a la prensa argentina cuando triunfaba fuera. “El Argentino es exitista”, apunta Juan Pablo, “ahora que está consagrado están todos rodeándolo pero por años estuvieron ausentes”.

El Director, guionista, productor y a veces camarógrafo de su trabajo, también vivió mucho tiempo fuera y ahora que reside un poco en Buenos Aires y un poco aquí en Nueva York, también anhela que Maravilla, un luchador sea recibida cálidamente en su país cuando se estrene en mayo. “Todos queremos ser profetas en nuestra tierra”, señala. “A veces no se da fácil, como pasó con Maravilla, pero hay que aprender de él que nunca claudicó, nunca colgó los botines y siguió con su sueño”.