Manual para las familias saludables

Que tus seres queridos tengan buena salud física es importante, pero también que convivan en armonía y amorosamente.
Manual para las familias saludables
Una famillia saludable establece vínculos duraderos.
Foto: All of us por Anna Oakley, disponible bajo licencia de Atribución en http://www.flickr.com/photos/98675081@N00 / 8671315210/

Familia sólo hay una. Para las buenas, en las malas, para toda la vida. Ese grupo de personas que nos asignó la vida para compartir gran parte de nuestras experiencias, pequeñas, grandes, con diversas costumbres y tradiciones. Cada una es única y no faltan, por supuesto, los diferentes puntos de vista. No obstante, una familia saludable logra sortear las vicisitudes y mantener la unión, pero sobre todo, la felicidad.

Cuando se habla de salud, la atención se desvía inmediatamente al bienestar corporal. Y sí, un peso adecuado, una correcta alimentación, ejercicio y una vida libre de vicios son una muestra de buena salud.

Aplicado a la familia, podría afirmarse, casi sin dudar, que será más saludable aquel grupo con mejores condiciones físicas. Ciertamente, esta afirmación no es incorrecta, sin embargo, la verdadera plenitud deriva de la armonía cuerpo-mente-espíritu.

Si consideras que en tu clan existe comunicación, respeto y apoyo, tienen parte del camino recorrido, pues son algunos de los calificativos que definen a un núcleo familiar saludable. Todos son capaces de expresar su opinión sin ser recriminados, disfrutan juntos de tiempo de calidad, trabajan en equipo y comparten valores. No es ni mucho menos ser perfectos, sino equilibrados, lo que redunda en un mejor comportamiento social y percepción personal.

Mucho se habla de que lo que se siembra en el hogar es lo que luego cimienta al individuo en sociedad. Promover comportamientos sanos desde la edad temprana, establecer acuerdos en cuanto a temas relevantes como la disciplina, los principios morales, el lenguaje y los límites, siempre con parámetros de amor y reconocimiento a las individualidades de cada uno, pueden marcar una diferencia importante en el futuro.

En situaciones de crisis, las familias saludables están dispuestas a encontrar soluciones. Aquí, de nuevo, hay que tomar en cuenta los acuerdos previamente establecidos en cuanto a alzar la voz o utilizar lenguaje ofensivo y cuando alguien ha hecho daño a otro debe estar dispuesto a disculparse de inmediato.

La confianza y el respeto son valores fundamentales que deben mantenerse, incluso, en los momentos más tensos de la convivencia. Una buena comunicación es la clave.

Sobre este tema, la psicóloga Katherine Giraldo Vásquez dice que no se trata de no sentir dolor o ira, ya que son sentimientos naturales en algunas situaciones. Es más bien ser capaz de controlarse, pensar con claridad y actuar con calma en pro del bien colectivo.

Por ejemplo, antes de emitir una crítica resaltar una cualidad positiva de tu pariente o antes de reaccionar impulsivamente, preguntar. Ese pensar antes de actuar es un distintivo de las familias saludables.