Los niños de la frontera

En este caso hay que dejar de lado nuestros prejuicios y mantener una mentalidad abierta
Los niños de la frontera
Niños esperan citas médicas en un área donde autoridades de EEUU procesan cientos de niños inmigrantes de América Central, en Nogales, Arizona.
Foto: Getty Images

Migración

Los estadounidenses están tratando de comprender el problema de los niños de la frontera —y lo que el presidente Obama ha denominado como “una urgente situación humanitaria” a lo largo de la frontera mexicano-americana.

Los estadounidenses desean saber por qué, según funcionarios federales de inmigración, más de 47.000 jóvenes —la mayor parte de América Central— han cruzado la frontera mexicano-americana en los últimos ocho meses. Quieren saber a qué o a quién hay que echarle la culpa y, por lo tanto, a qué o a quién hay que pedirle cuentas. Quieren saber cómo responderán los agentes federales de inmigración, quienes están abrumados, a pesar de haber sido advertidos por funcionarios de Texas, hace dos años, sobre un incremento en el número de menores no-acompañados, provenientes de otros países y no de México, que cruzaban la frontera. Y finalmente, quieren saber —si se va a permitir que la mayoría de estos recién llegados permanezca en el país— qué impacto tendrán en nuestras comunidades, nuestra política y nuestra urdimbre nacional.

Según funcionarios federales de inmigración, casi tres cuartos de estos menores provienen de Honduras, Guatemala y El Salvador. Alrededor del 70% de ellos han llegado por el Valle del río Grande, en Texas, que es una entrada preferida de contrabandistas, porque el acceso a las carreteras interestatales es fácil y no hay muchas cercas comparado con lo que se encuentra en California, Arizona y el oeste de Texas.

Y como la mayoría de estos menores viene de países azotados por la violencia de las pandillas después de la disolución de una tregua, es más correcto llamarlos refugiados que inmigrantes.

Según el alto comisionado de las Naciones Unidas para refugiados, Estados Unidos no está solo. México, Costa Rica, Panamá, Nicaragua y Belice están también experimentando un aumento de menores no acompañados. Los que se dirigieron a Estados Unidos —a menudo como polizones sobre peligrosos trenes que cruzan la frontera entre Guatemala y México— lo hicieron con la intención de reunirse con miembros de su familia en este país.

Algunos han logrado hacerlo y se encuentran ahora en Nueva York o en el estado de Washington. El resto permanece en centros de detención del gobierno o en bases militares.

A juzgar por lo que he oído en las últimas semanas, los estadounidenses podrían comprender esta historia mejor si no fuera por la interposición de cinco factores:

* Aunque estos niños podrían merecer categoría de refugiados, estamos proyectando a esta historia nuestros sentimientos hacia los inmigrantes, como si estos jóvenes vinieran aquí en busca de trabajo. Para los conservadores, eso significa suponer que todo el que venga de América Latina llega con la palma extendida para recibir dádivas, regalos y cosas gratis. Para los liberales, significa usar la triste situación de estos jóvenes para sostener que necesitamos de una reforma migratoria, porque el sistema está quebrado.

* Estamos mezclando los términos y confundiendo “amnistía” (la concesión de categoría legal en masa a millones de inmigrantes ilegales) con “categoría protectora” (que meramente permite que los indocumentados se queden en Estados Unidos sin ser deportados). Mientras la rama legislativa es la que concede la primera, la rama ejecutiva tiene el poder de proporcionar la última. Por lo tanto, no es justo ni responde a la verdad que los conservadores digan que estos jóvenes han sido atraídos por la “amnistía” que ofrece el presidente Obama.

* Somos susceptibles a creer que el presidente Obama está ofreciendo algún tipo de ventaja en este caso, porque no conocemos la existencia de una norma de larga data para el trato de menores no-acompañados que cruzan la frontera, que es diferente de la que rige a los adultos, e incluye permitir que permanezcan en Estados Unidos si tienen parientes en el país mientras esperan una audiencia con un juez de inmigración, a la que la mayoría de ellos no comparecerá.

* Creemos que esto está sucediendo por una atracción o un empuje, cuando probablemente sea por ambas cosas. Los niños podrían haber sido empujados por la inestabilidad gubernamental y la violencia de las pandillas de América Central. También podrían haber sido atraídos a Estados Unidos (según un especialista en seguridad de la frontera con quien hablé y que conoce lo que muchos niños están diciendo a funcionarios federales) por el rumor propagado por las redes de televisión en sus países de origen de que el Congreso ha aprobado un “permiso” especial para que los niños se queden. Los desesperados creerán cualquier cosa.

* Finalmente, buscamos respuestas que sirvan de igual manera para todos los casos, pero éstas no existen. Hay miles de niños que vienen de un puñado de países. Cada historia es única y singular. La naturaleza humana es complicada y también lo es esta crisis.

Los estadounidenses no comprenderemos inmediatamente el fondo de la historia de los niños de la frontera. Para hacerlo, debemos dejar de lado nuestros prejuicios y mantener una mentalidad abierta.

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