La macrobiótica: mucho más que una dieta saludable

Conoce los fundamentos de este estilo de vida.

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La macrobiótica: mucho más que una dieta saludable
Las verduras y algunos cereales son la base de esta alimentación.
Foto: Brécol con trigo sarraceno por Lablascovegmenu, disponible bajo Licencia de Atribución en http://www.flickr.com/photos/lablasco / 4542248433/

¿Qué es la macrobiótica? Hipócrates, pionero de la medicina occidental, fue el primero en utilizar esta palabra. El término proviene del griego y se forma con dos palabras: “macro” que significa grande y “bios” que significa vida.

El concepto habla de una actitud ante la vida, de alcanzar el equilibrio, y para ello es necesario llevar una dieta equilibrada y respetuosa con la naturaleza del hombre.

El japonés Georges Ohsawa fue el precursor de la macrobiótica en occidente en los años 50 y en EEUU fue Michio Kushi quien dio a conocer una variante de la macrobiótica adaptada a la vida occidental, la llamada Dieta Macrobiótica Estándar.

Se trata de una dieta pensada para nuestras necesidades biológicas, basada en que nuestro estómago está diseñado para digerir todo tipo de alimentos, pero lo natural es comer principalmente cereales, verduras y legumbres.

Además debes tener en cuenta las características climáticas del lugar en el que vives y los alimentos que da tu región, algo que en las últimas décadas ha perdido importancia dados los avances en el transporte. Por último, toma en cuenta la teoría del Yin-Yang, que plantea que todo a nuestro alrededor posee dos tipos de energía -el ying y el yang- incluso la comida.

En la base de la dieta están los cereales integrales como el arroz, mijo, trigo, maíz, cuscús, centeno, cebada y avena. Tienen que ser de consumo diario y, aproximadamente, el 50% del total de los alimentos que incorporas.

Detrás están las verduras y hortalizas, que deben representar un 25% aproximadamente de lo que consumes. La variedad de preparaciones que puedes realizar con estos productos es amplia y siempre saludable.

Las legumbres y algas pueden ser como máximo un 15% de los alimentos que comes y el resto tienen que ser de consumo ocasional. Las frutas, los frutos secos, semillas, azúcar y pescados, una vez por semana. Y al final de la pirámide nutricional que se muestran en Escuela de Vida, de consumo mensual, quedan las carnes, lácteos y huevos. El aceite y los condimentos hay que utilizarlos con mucha moderación. Se aconseja comer sopa todos los días y beber infusiones entre comidas.

Deben ser productos locales procedentes de agricultura y ganadería orgánica, y de temporada. Hay que tener en cuenta la edad, el sexo, el ritmo de vida y la salud de cada persona, ya que no necesita lo mismo un niño que un hombre de 30 años o una mujer de 60 años.

Para terminar, se debe conocer qué alimentos son tipo yin y cuáles son yang para mantener el equilibrio atendiendo a tus propias necesidades.