Un oasis en la travesía

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Un oasis en la travesía
Desde El Salvador, Wendy llegó con sus hijos al centro de ayuda del Sagrado Corazón.
Foto: Yolanda González

Camiones turísticos del municipio llegan cada 15 minutos para dejar a mujeres y niños centroamericanos en una especie de campamento de ayuda humanitaria montado en los terrenos de la iglesia del Sagrado Corazón, convertida en un oasis donde llegan los inmigrantes recién liberados de los centros de detención de la Patrulla Fronteriza porque en ellos ya no cabe más gente.

Ahí los migrantes se duchan, comen, obtienen productos de primera necesidad, ropa y descansan si vienen exhaustos; reciben atención médica y se recuperan de los días de encierro en centros de detención donde carecen de este tipo de servicios.

La hermana Norma Pimentel, directora ejecutiva de las Caridades Católicas del Valle del Río Grande, organizó este centro de acopio y ayuda en el salón parroquial, que se llenó con montañas de ropa, comida, pañales, agua y artículos de limpieza personal. Atienden a 200 personas a diario, de 2 p.m. hasta la 1 a.m.

“Todo comenzó el martes 10 de junio con la llamada del sacerdote Ignacio Tapia urgiéndome que ayudáramos a los inmigrantes y se lo planteé al padre encargado de la iglesia, Tom Luczak, quien nos autorizó a abrirlo para poner en práctica el humanismo cristiano”, explica la religiosa.

“Un funcionario municipal me preguntó qué pediría si tuviera una varita mágica y le dije que regaderas, baños, una unidad médica móvil, aires acondicionados, una carpa con camas… y ellos lo aportaron”, dice.

Ahí hallaron alivio Martha y su hijo Joshua de 2 años, después de 15 días de travesía desde Usulután, El Salvador. Huyeron de la violencia en su país y de la pobreza para reunirse con su esposo y padre en el estado de Virginia. También Wendy se recuperó físicamente aquí tras seis días de viaje desde El Salvador con sus tres hijos, antes de viajar a San Francisco, California, para reunirse con su familia