Llanto y fiesta del juego de Brasil-Alemania

Alemanes y brasileños disfrutan y sufren histórica goleada en la misma calle
Llanto y fiesta del juego de Brasil-Alemania
Los brasileños observaban sin poder creer la histórica paliza.
Foto: Mariela Lombard/ed

@newsgus

La histórica goleada 7-1 de Alemania sobre Brasil en la semifinal del Mundial fue una historia de dos esquinas en el Bajo Este de Manhattan.

Justo en la Avenida Loisada aficionados brasileños y alemanes encontraron pantallas, mesas y cervezas para compartir con sus correligionarios el nerviosismo y las emociones de la primera semifinal.

Los torcedores de la Verde Amarela se congregaron en Esperanto, donde las bebidas con refrescantes, la carne asada y el maíz se degustaban plácidamente al iniciar el encuentro.

Dos calles al sur, sobre la misma avenida, el bar germano Zum Schneider estaba copado con teutones que bebían grandes tarros de cerveza mientras comían ensalada de papá, col y salchichas sin saber lo que su equipo estaba a punto de realizar.

Los tres primeros goles de Alemania tomaron a los aficionados de ambos equipos con la comida y la bebida en la boca. Mientras que los germánicos aplaudían y festejaban, los brasileños se cubrían el rostro con las manos y no daban crédito a lo que estaba pasando.

Apenas terminó la primera mitad, la gente comenzó a salir molesta y triste de la base brasileña en Esperanto. Un hombre que salía se quitó furioso la camisa de la selección brasileña, la hizo bola, la miró y se la puso debajo del brazo.

“No tengo palabras para describir cómo me siento. Estoy muy molesto y no quiero hablar”, manifestó el hombre.

En tanto, la fiesta apenas comenzaba en Zum Schneider, donde Thomas Goblig pintaba los colores de la bandera alemana en el rostro de quienes se montaban en el tren de la felicidad alemana.

Cuando el histórico goleador alemán Miroslav Klose salió de cambio, la fiesta estaba en plano ascenso y los aficionados daban palmadas en la mesa mientras cantaba “¡Miii-ro Klose! ¡Miii-ro Klose! ¡Miii-ro Klose!”

De vuelta en el establecimiento brasileño, las caras largas eran lo de moda. Los aficionados estaban más allá de la frustración.

El gol de Brasil despertó a esta tribuna neoyorquina un poco. Hubo palmadas y gritos, pero la tristeza ya se había apoderado de la gente

eldiariony.com