Niños, sin abogado y solos ante el sistema estadounidense

Niños y jovenes migrantes deben de presentar su propia defensa contra deportación ante el gobierno estadounidense
Niños, sin abogado y solos ante el sistema estadounidense
Los niños migrantes no califican para recibir DACA ni TPS.
Foto: Archivo La Opinión

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Hace apenas cinco años que Henry, un joven guatemalteco de la etnia Mam, llegó a la frontera de México con Estados Unidos, asustado, flaco, cansado, después de más de un mes de secuestro por miembros del cártel de los “zetas” en México que buscaban alguien que diera dinero por él en este país. Allí lo dejaron a su suerte y fue arrestado por la Patrulla Fronteriza.

Hoy Henry está rehaciendo su vida, todo gracias a que encontró ayuda experta para navegar el complicado sistema de justicia estadounidense. El joven, quien está aprendiendo inglés al mismo tiempo que el español, mientras trabaja y estudia en Los Ángeles, puede imaginar como se sienten los niños que hoy están llegando a este suelo.

“Están perdidos aquí, sin saber que está pasando y no saben nada de la ley de inmigración”, dijo Henry en una entrevista este miércoles en las oficinas de Public Counsel, donde lo representaron gratis.

Necesitan un abogado urgentemente

Muchos de estos niños y jóvenes centroamericanos que están llegando a la frontera por decenas de miles en los últimos meses llegan igual que lo hizo Henry: solo, con miedo, después de recorrer miles de kilómetros y sin idea del futuro. Lo único que saben es que volver al lugar de donde salieron no es una buena opción.

“Yo salí porque mi madre nos dejó abandonados a mí y a mis hermanos y yo era el mayor, así que salí a buscar trabajo, pero en Guatemala me secuestraron, con la promesa de un trabajo, querían dinero, nos llevaron por México los zetas, nos pegaban y nos mantenían atados. Sólo querían un teléfono en Estados Unidos para pedir dinero por nosotros”, dijo Henry.

Por suerte para él, el sistema para niños solos de Estados Unidos funcionó como se esperaba. Una vez en manos de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados (ORR), un trabajador social ubicó a un primo de Henry que él no sabía que tenía. Ese primo lo ayudó y eventualmente lo llevó a Public Counsel, una oficina de abogados para personas sin recursos.

En realidad Henry tuvo suerte porque me encontraron en el estacionamiento y me contaron sus historia”, dijo Judy London, abogada directora de Derechos de los Inmigrantes en esa organización. “Ya había ido a otras organizaciones a pedir ayuda pero en todas partes hay falta de recursos y largas listas de espera”.

Henry hoy tiene una “tarjeta verde”, conseguida bajo una ley que protege a niños migrantes abandonados, pero nunca lo hubiera logrado sin la ayuda de un experto legal.

A diferencia de lo que ocurre con detenidos en el sistema penal de Estados Unidos, los detenidos del sistema de inmigración no tienen derecho a un defensor público. Sin embargo, los expertos en temas de migración y refugiados señalan que sólo con representación legal pueden los migrantes tener una oportunidad real de acceder a ciertas protecciones legales que otorga la ley de Estados Unidos.

“Estos niños deben tener una audiencia ante un funcionario experimentado y con la defensa legal apropiada“, dijo Megan McKenna, directora de activismo de KIND, una organización que proporciona asistencia legal a menores como Henry. “Nos preocupa sobremanera que la mayoría de los niños que están llegando vienen a las audiencias sin abogados, no es posible obtener una audiencia justa de esa manera”.

KIND estima que antes de la crisis, el déficit de representación legal para niños solos era del 50% aproximadamente, provista por organizaciones no lucrativas o pagadas por familiares, pero que con el aumento de menores llegando solos de Centroamérica, la representación probablemente ha disminuido.

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La experiencia

El actual sistema de inmigración somete a los menores de edad a las mismas leyes de deportación que a los adultos.

Se les ordena presentarse a una corte de Inmigración, donde se enfrentan con un fiscal y un juez les pide que hablen en su propia defensa en contra de la deportación o presenten evidencias que sustenten su “miedo creíble” por sus vidas si regresan a su país de origen.

Y, al igual que a los adultos, el gobierno no les provee a los menores un defensor público que los represente en corte.

Como resultado, cada año, miles de niños son obligados a navegar solos el proceso de deportación en una corte de inmigración y terminan repatriados.