Una rivalidad de 28 años

El duelo Argentina-Alemania en finales de Copa del Mundo escribirá hoy su tercer gran capítulo
Una rivalidad de 28 años

Bajo un sol abrasador y con el alarido de 114 mil gargantas que hicieron temblar los cimientos de una de las catedrales universales del fütbol, el Estadio Azteca, arrancó esta trilogía en territorio mexicano.

En la cancha, alemanes y argentinos lucharon como verdaderos gladiadores por llevarse el anhelado trofeo dorado: la Copa del Mundo.

La batalla final del Mundial México ’86 fue intensa, emocionante, dramática.

La escuadra albiceleste, al mando de Diego Armando Maradona, el mismo que con la “Mano de Dios” y que en una sola jugada dejó tendido medio equipo inglés, se fue arriba de los germanos rápido en el primer tiempo.

Al 23′, José Luis Brown abrió el marcador para que después, en el 55′, Jorge Valdano anotara el segundo gol de una selección argentina que nunca tuvo el apoyo de las graderías, y que, por el contrario, comenzó a hinchar por los alemanes para que tejieran una épica remontada.

A 20 minutos del final, la resurrección germana comenzó a tomar forma con la anotación de Karl Heinz al 74′, y en el 80′ Rudy Feller empató el encuentro ante el delirio, gusto y regocijo de la afición que en esos momentos hizo del Coloso de Santa Úrsula la casa de los germanos.

Cuando parecía que el partido alcanzaría los tiempos extras apareció la genialidad de un Maradona que había pasado inadvertido durante todo el partido.

Con apenas siete minutos en el cronómetro, Maradona tocó una pelota en medio campo para servir un pase de lujo a Jorge Burruchaga, quien desprendió en carrera hasta llegar a la portería alemana para fusilar al arquero Toni Schumacher y de esa manera darle a Argentina su segunda Copa del Mundo.

La emoción y el suspenso del partido por el título de México ’86 contrastaron con lo que muchos consideran la Final más aburrida en la historia de las copas del mundo.

Cuatro años después, en Italia 90, Argentina y Alemania se volvieron a encontrar en el duelo decisivo, pero esta vez el choque careció de espectacularidad y de goles.

Fue solamente hacia el final del juego, cuando faltaban escasos minutos para que se decretara el 0-0 y el partido se fuera a tiempos extras, que el árbitro mexicano Edgardo Codesal marcó un penalti inexistente a favor de los germanos.

En la jugada, Rudi Völler entraba al área cuando recibió un contacto incidental de Roberto Sensini para que el juez central decretara la falta.

El tiro penal lo ejecutó acertadamente Andreas Breheme, quien pocos días después del partido confesó en una entrevista que Codesal se equivocó, que el penalti con el que su selección ganó su tercer mundial nunca existió.

Bajo la emoción, la pasión y la polémica que persigue los enfrentamientos entre Argentina y Alemania en finales de copas del mundo, hoy ambas selecciones están listas para escribir el tercer gran capítulo decisivo de una historia que nació hace 28 años en tierra mexicana

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