Anatomía de una clase

Una profesora del programa de verano Summer Quest utiliza fonética y robots para mantener activas las mentes de estudiantes de cuarto grado
Anatomía de una clase
La profesora Natalie Molina durante la presentación del trabajo de fonética de sus estudiantes.
Foto: Jackie Schechter

Faltan unos cinco minutos hasta el comienzo oficial de la clase. Sin embargo, a las 8:40 a.m. de un jueves, Natalie Molina ya recoge las tareas de sus alumnos y describe las materias que tratarán durante las próximas horas: fonética, lectura, escritura y matemáticas.

Es un plan ambicioso en plenas vacaciones de verano, pero los alumnos de Molina no se quejan. En lugar de eso, cuadernos en mano, siguen a Molina al tablero del salón para comenzar su cuarto día en Summer Quest.

Como los alumnos en todos los centros educativos de Summer Quest, los de Molina –quienes comenzarán el cuarto grado– pasan la mitad del día en lectura, escritura y matemáticas, y el resto del tiempo alternan entre actividades como artes marciales, baile hip-hop y música. Para tener una mejor idea de cómo es el componente académico del programa, Chalkbeat visitó el aula de Molina en un centro de Summer Quest en El Bronx manejado por la organización sin fines de lucro BELL y la Rafael Hernández Dual Language Magnet School. A continuación presentamos nuestra “anatomía de una clase”.

La lección proviene de un libro de segundo grado, explica más tarde Molina, porque los niveles de lectoescritura de sus alumnos van desde jardín de niños hasta quinto grado. Ella mencionó que a algunos alumnos se les cambiará a otro grupo de edad para adaptarse mejor a sus necesidades. Diecinueve de los 20 alumnos en el salón son aprendices de inglés y la mayoría hablan español.

Molina divide a los alumnos en grupos y le asigna a cada uno un papel: corrector de ortografía, elaborador de pósteres, encargado del diccionario o presidente de sesiones de lluvia de ideas. Los grupos reciben varias combinaciones de dos consonantes. Su ejercicio consiste en elaborar una lista de palabras que comiencen con cada una de estas combinaciones y escribirlas en pedazos grandes de cartulina.

“Mientras más palabras escriban, más dólares escolares ganarán”, promete Molina, lo cual se ve que entusiasma a los alumnos.

Los alumnos comienzan a buscar en el diccionario. Algunas palabras se les hacen fáciles, pero anotan otras –como “espectroscopio” y “la Esfinge”– que les resultan desconocidas. Al final de la actividad, los grupos presentan su labor al resto de la clase. Cuando los alumnos leen una palabra difícil, Molina la anota para añadirla al árbol de vocabulario de la clase.

“En verdad les cuestan trabajo las combinaciones de dos y tres consonantes, en particular porque no son muy comunes en sus lenguas maternas”

De acuerdo con una alumna, el componente académico del día es importante además de ser útil.

“Te refresca la memoria”, dice Génesis Vásquez. “Te prepara para el cuarto grado”

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