Al lado de los neoyorquinos, desde la cuna

Al lado de los neoyorquinos, desde la cuna
Dina Peralta-Reich en la entrada del hospital.
Foto: Silvina Sterin Pensel

@SilSterinPensel

Profesión: Hospitalista pediátrica en el Lenox Hill Hospital

Edad: 38 años

Vive en: Upper East Side

Nació en: Panamá

Fascinación: La inocencia y vulnerabilidad de los niños que a la vez son tan fuertes.

Se escabulle por entre las cunitas como puede porque la nursery, ubicada en el sexto piso de este hospital de Manhattan, está repleta de pequeñas personitas nuevas.

Dina Peralta-Reich es la única pediatra en el piso y la encargada de ‘pasar visita’ a los casi 30 bebés que descansan envueltos en las típicas mantas con las que se reciben recién nacidos en todos los hospitales del país.

“Este es un lugar feliz y me gusta ser parte de eso”, afirma la médica al terminar de revisar a un pequeño al que arropa con la técnica ‘swaddle’ en un récord de 5 segundos.

“Hay muchos padres primerizos que vienen con 500 mil preguntas, aterrorizados y yo los escucho y les transmito calma”.

Llega a las 8 de la mañana y no para hasta el mismo horario del día siguiente. Pero el turno de 24 horas parece no hacer mella en el ánimo de esta pediatra que se mueve rápido entre los pisos, acarreando diversos aparatos en los bolsillos de su bata.

Tengo dos celulares, el mío y el del hospital y dos pagers, uno para responder preguntas generales y otro para emergencias pediátricas”.

Es el particular sonido de este último el que la hace saltar cual resorte desde donde esté al ER o al segundo piso, el centro pediátrico donde atiende niños y adolescentes que han sido intervenidos.

Hago el postoperatorio; sobre todo manejo del dolor. Hace poco tuve un muchachito de 15 que se dañó la columna haciendo skateboarding y le hicieron una laminectomía. Veo procedimientos complejos”.

Nunca le interesó otra rama de la medicina.

“De niña, era súper asmática y alérgica a todo. Me la pasaba hospitalizada; eso moldeó mi vocacion”.

Cursó la carrera en Guadalajara, México, porque quiso “experimentar la indecencia de vivir fuera de casa y hacer mi camino”.

Luego. vino aquí donde conoció a su esposo, Brian, a bordo de un tren Amtrak. Tienen dos hijos, Miguel y Mateo, al que dió a luz allí en el hospital.

“Me fascinan la inocencia y vulnerabilidad de los niños que a la vez son tan fuertes y resistentes. Veo esas dos caras constantemente”

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