El éxodo infantil centroamericano toca la puerta en San Francisco

Una escuela en la Misión, dedicada a atender a niños migrantes, ha visto crecer drásticamente su matrícula de alumnos
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El éxodo infantil centroamericano toca la puerta en San Francisco
El profesor Mario Chang enseña a niños inmigrantes de primer grado en el Mission Education Center.
Foto: Fernando Andrés Torres / Especial para El Mensajero

El éxodo infantil desde Centroamérica ha llegado al Área de la Bahía y el hecho se deduce por la sorpresiva cantidad de nuevas matriculas que algunas escuelas públicas están enfrentando en este año escolar que recién comienza.

En San Francisco, el Mission Education Center (Centro de Educación Misión) es un buen ejemplo. La escuela (desde jardín infantil a quinto grado), ubicada en la Calle Noe del Barrio de La Misión, es un programa de transición, un puente para que los estudiantes recién llegados crucen hacia su nuevo hogar y comunidad.

La escuela, para niños que no hablan inglés, está experimentando un gran aumento en la matricula, no visto en años. “El año pasado comenzamos con 68 niños. Ahora lo hemos hecho con 145. ¡Un salto significativo!,” comentó a El Mensajero la directora de la escuela Deborah Molof. A pesar de que la escuela todavía tiene espacios en los grados cuarto y quinto, muy pronto “nuestra capacidad estará completa”. Al ritmo de las actuales demandas, Malof adelantó que para enero la escuela abrirá nuevas clases y se contrataran nuevos profesores.

La mañana aún se mantiene fresca. Una veintena de niños sentados en una alfombra ponen una atención casi religiosa a un hombre joven que dirige la clase. Atrás del salón, la señora Lupe, una voluntaria de la escuela, prepara la próxima actividad para la vuelta del recreo. Todo se realiza en español. Mario Chang, un peruano de ascendencia china que emigró cuando tenía 17 años, es el respetado profesor de primer grado.

Algunos de El Salvador, Honduras, México, Nicaragua y Guatemala, los niños son todos recién llegados de entre 5 y 7 años. “Muchos vienen sin sus padres, muchos vienen a conocer a sus padres”. A esa edad, dice Chang, se supone que ya saben leer y escribir pero “bueno, muchos no han ido a la escuela, muchos vienen con diferentes traumas, han pasado por muchas dificultades”. Los niños “tienen que sentirse seguros y cómodos, vienen a la escuela a aprender y a divertirse”, dijo el profesor durante el primer recreo matinal. Las dos primeras semanas son “más que nada para aclimatarlos, para hacerlos sentirse bien. El respeto, buenos modales y compartir. Son reglas que sirven para toda la vida, no solo para la escuela”, dijo Chang.

Aunque algunos expertos estiman que en este nuevo año escolar el sistema de educación pública a nivel nacional está enfrentando una demanda de más de 50,000 niños, las cifras del gobierno federal (Office of Refugee Resettlement, ORR) indican que del 1 de enero al 31 de julio mas de 37,477 niños fueron transferidos de la custodia del ORR a los llamados benefactores (sponsors en inglés), quienes por lo general son uno de los padres o familiares. Entre esas fechas, en California el número alcanzó a los 3,909 niños.

Las declaraciones del fiscal general Eric Holder en mayo pusieron las cosas en su lugar dándole un respiro a los padres y apoderados que, por temor a la delación y deportación, no sabían si enviar o no a los niños a las escuelas. Holder dijo que las escuelas tienen que matricular a todos los estudiantes. “Los distritos escolares públicos tienen la obligación de inscribir a los estudiantes, independientemente de su estatus migratorio y sin discriminación por razones de raza, color u origen nacional”, dijo Holder en un comunicado publicado en mayo. Además, dijo que se va a hacer “todo lo que se pueda” para asegurarse que las escuelas cumplan con este deber.

Heidi Anderson, vocera del Distrito Escolar Unificado de San Francisco, dijo que debido al “gran aumento de nuevos inmigrantes [el distrito] ha aumentado la red de apoyo. Hemos contratado más profesores y un coordinador para todos los servicios disponible dentro de la ciudad y las escuelas para ayudar a los estudiantes sin hogar y estudiantes en transición”. Anderson dijo que “nunca, nunca preguntamos por las condiciones legales, [tampoco] pedimos documentación sobre su situación de ciudadanía”.

Sobre informes de prensa que daban la impresión de que esta era la primera vez que este tipo de proyecto se realizaba en San Francisco, Anderson dijo que “desde siempre, hemos estado apoyando a estos nuevos inmigrantes y niños solos.”

“Yo no pregunto si tienen papeles o no, ese no es nuestro trabajo”, dijo Chang, quien añadió que lo más importante “es que vengan a la escuela, que [los padres o guardianes] no tengan miedo de traerlos porque la educación es un derecho de los niños. Hemos tenido casos en que los niños han estado en la casa tres, cuatro meses sin escuela porque los padres tenían miedo de traerlos. Nuestro trabajo es educar; que los niños venga a aprender. Tráiganlos, regístrenlos; no tenga miedo. Nosotros no le vamos a preguntar cuál es su estatus. Los niños tienen que estudiar, tienen que aprender, y les enseñamos en español porque queremos que salgan adelante”, enfatizó Chang.