ISIS, Ébola y la Paz de Westfalia

@chris.canavan1@gmail.com

Contemplen por un momento el Estado Islámico (o ISIS) y el virus Ébola en África.

Dentro de unos años, cuando nos tocará entender este momento dentro de la larga historia política del mundo, quizás miraremos este momento como el fin de un sistema que perduró por 350 años pero que ya no nos sirve.

Es un sistema que nació con la Paz de Westfalia en 1648, marcando el comienzo de un sistema internacional basado en naciones – entidades políticas definidas por fronteras geográficas en vez de fieldades religiosas (la base del Imperio Romano). Nació la soberanía nacional.

Es cierto que la vida de la soberanía ha sido difícil. Los ingleses, españoles y franceses mantuvieron imperios enormes sobre colonias subyugados. La Unión Soviética se impuso sobre gran parte de Europa.

Pero cuando cayeron esos imperios, surgieron países en las Américas, en África, en Asia y en Europa como si fuera natural.

ISIS y el virus Ébola muestran el límite del principio de Westfalia. Revelan las grandes desventajas del concepto de la soberanía nacional frente a las plagas que vendrán en los años que vienen. El viejo orden ya no sirve para los retos globales del siglo XXI.

De eso se darán cuenta observando los esfuerzos del presidente Obama para distinguir entre ataques aéreos contra ISIS en Irak – algo fácil dada la presencia militar americana en ese país desde el comienzo de la guerra –y en Siria, donde Obama ha resistido demandas para una intervención americana en la guerra civil.

Son esfuerzos razonables dentro del marco del viejo orden. EE.UU. ha decidido que tiene intereses nacionales en un país, Irak, pero no en el otro, Siria.

Los países africanos afectados por Ébola no tienen la capacidad de combatir el virus porque son pobres. Pero también es porque el virus no respeta fronteras. Es más, reaccionar como una nación –cerrando fronteras y suspendiendo el tránsito internacional– ha agudizado la crisis.

Dentro de poco es posible que la epidemia haya alcanzado otros países en África y, quizás, Europa y los EE.UU.

Más y más enfrentamos amenazas – ISIS, Ébola, el calentamiento global – que no entienden lo que es una frontera nacional. Para combatirlas será necesario abandonar nuestros celos nacionales.

En los años que vienen, será menos importante ser americano, hondureño, o liberiano y más importante actuar como humanos separados por identidades nacionales, idiomas, y religiones pero unidos por enemigos comunes que no les importa lo que pasó hace tantos años en Westfalia