Hijos robados: cuando los familiares son los secuestradores

Mujer halla a su hija con ayuda de Facebook; otras mamás no son tan afortunadadas

Alondra Torres y su hija Alondra Adalys Torres a quien recupero después de 9 años y medio de buscarla.
Alondra Torres y su hija Alondra Adalys Torres a quien recupero después de 9 años y medio de buscarla.
Foto: Suministrada

@C_loboguerrero

Más de nueve años tuvo que pasar la puertorriqueña Alondra Torres (36), antes que pudiera recuperar a su hija, retenida por su abuelo paterno en el Perú en uno de los cientos de casos de secuestros de menores por sus familiares que se dan anualmente en el país.

Torres, residente en Plainfield, Nueva Jersey, explicó en tono arrepentido que su único pecado fue haber confiado en su suegro, a quien le envió su pequeña hija por dos semanas a Huancayo -una ciudad a 6 horas de Lima. “Mi error fue haber sido muy ingenua”, dijo.

Torres envió a la pequeña Alondra, de 3 meses de nacida, con un pastor de una iglesia de Plainfield donde ella acudía. “Solo quería que los abuelos paternos la conocieran, pero jamás me imaginé que se quedarían con ella”, dijo.

Sin embargo, el pastor regresó solo. “Cuando le pregunté me dijo que el abuelo de la niña le había dicho que se quedaría un poco más de tiempo con ella”.

Por los primeros seis meses, Torres tuvo la esperanza que a la niña la traería su abuelo, pero no fue así. “Hablaba con él y siempre me daba largas”.

Debido a que la relación con el padre de su hija no era muy buena, de nada sirvió hablar con él para que le convenciera al abuelo de que le devolvieran a su hija. “Era una bestia, muy agresivo, no podía preguntarle nada”, dijo.

Fue cuando la niña iba a cumplir su primer año de vida que Torres se dio cuenta que no se la devolverían. “El abuelo me pedía dinero porque supuestamente por eso no me podía traer a la niña”, dijo, pero luego de enviarle la plata, se enteró que habían vendido la casa y se habían mudado.

Tras separarse totalmente del padre de su hija, no volvió a saber de su paradero: Por más que insistió, “me contestaba que la volvería a ver cuando cumpliera 18 años”.

La mujer, madre de dos hijos más, recordó que golpeó muchas puertas sin ninguna respuesta. “Fui a la policía, a la fiscalía, al FBI, me tomaban el reporte pero ahí quedaba todo, sentí volverme loca”.

Mientras sentía que se quedaba sin fuerzas, empezó a conectarse por la Internet. “Mi gran aliado fue Facebook”, dijo sonriente. Fue por este medio que en septiembre de 2012 se contactó con ella la esposa actual del padre de su hija, que vive en Perú, y le dio la información del paradero de su niña.

El 5 de febrero del año pasado, Torres viajó a Lima, y pudo al fin, 9 meses y medio después, ver a la niña, que había sido dejada al cuidado de la mencionada mujer. En menos de una semana, pudo arreglar los documentos y traerla de vuelta para Estados Unidos.

“Fueron momentos muy difíciles”, confiesa Torres, que está tratando de recuperar el tiempo perdido con su hija. “Es empezar de nuevo para establecer una relación de madre e hija”. Torres le dice a otros padres y madres que estén es su misma situación que no desfallezcan: “No hay que dejar las cosas solo en manos de las autoridades, uno tiene que ayudar a la búsqueda de sus hijos”.

1. Antes de ir a algún lugar, siempre tengo que avisar a mis padres o a la persona que está a mi cuidado, decirle a dónde voy, cómo me voy a ir, quién va conmigo y cuándo regresaré.

2. Debo pedir permiso a mis padres antes de subirme a un automóvil o irme con alguien, no importa si la persona es conocida.

3. Avisar a mis padres sobre quienes me ofrecen dinero, regalos o drogas.

4. Siempre es más seguro estar con otras personas o amigos cuando voy a lugares o a jugar a la calle.

5. Yo digo NO si alguien intenta tocarme de manera que me haga sentir incómodo(a), amenazado(a) o confundido(a), voy con un adulto en quien confío y le cuento lo que pasó.

6. Yo sé que no es mi culpa si alguien me toca en una forma que no está bien y no tengo por qué guardar secretos sobre eso.

7. Confío en mis sentimientos y en hablar con personas adultas sobre los problemas que son demasiado grandes para que los maneje yo solo(a). Mucha gente se preocupa por mí, me escuchará y me creerá, no estoy solo(a).

8. Nunca es demasiado tarde para pedir ayuda a las autoridades locales y nacionales.